Antiguo silencio


Desesperada calma


María Cecilia Romero Messein

 


Primero el hombre
revoluciona sus ojos
sensibiliza su corazón
admite su capacidad de conmoverse
se renueva de flores
llora
revoluciona sus manos
y por último se entrega al sol

 


 

Cómo el árbol
se desplaza
y se lleva
la sensación
esporádica del metal

(el páncreas más destacado
de la llovizna
merece tal desprestigio)

me enveneno
con alfombras

ruidos inútiles
sobre el hilo del que pende
cada injusticia.

 


 

Angostura
incomprensible
caos general
sobre el olor a flores,
extraña manía
la nuestra
que entre el martirio
y el abuso
elegimos el olvido.
Cacerola de incendio,
pobre marihuana,
excesivo país.
¿todavía te pertenezco
alusión
de resistencia?

 


 

¡Desperdiciar palabras!

Tres hombres
creen en la revolución

estar en el corazón de una flor
allí el dolor es ajeno

el semáforo y la arena
siguen siendo los mismos

muchos nenes
despiertan
creen que hay más palabras
y van a juntar sapos al cordón de la vereda.

 


 

Querer al conocimiento
como al pan

empuñar disciplinas y ciencias

claridad del sol

¡alerta!
insectos que buscan
el verdadero amanecer

 


“hay más ojos
que estos ojos”

y otros niños
también quieren morir
como elefantes con memoria

llevar más allá
todas estas extremidades

detenerse sobre
el verde
y dejar allí los pequeños
continentes
que se le caen al mundo


 

Cómo querer no llegar
si el sol se escurre hasta
en los rincones
más inhóspitos
de los muebles

prender un cigarrillo
y mirar atrás

todo como si el hombre estuviera en el mundo.

 


 

Pequeños hombrecitos
frente a la inmensidad
diminutos seres
que roen el pan de la noche
universales y grandes sombras
apagan el sol

acá
      demasiada espera
cartones
                         montañas altas
                         como árboles
    poesía en este lado
    azul del dolor

 


Al lado de mi casa
hay gente
que se cae de a poco,
el paredón intermedio
me separa despacio
de la expresión

ni el blues de los baldíos
ni las garrapatas de los perros
son mi poesía

se atreven a ella
como depósito de prostituta
sobre el asfalto,
se asoman sobre las flores
como los hombres
que miran mujeres desnudas.
El prejuicio estéril
del que la palabra se burla
es social,
intermedio
me separa de esa gente
que se cae de a poco.


 

Habitar  este pretérito
                                  “inexacto”
¿cómo dividir las edades del mundo?

entre este lado azul
                                            y aquel
      unos hijos se escurren
      como puñados de ausencia

tiempo impensado
por el dolor animal
que se le cae a este insomnio.


 

Correr
como los pájaros
en invierno
hacia el final de la noche

empuñar ideología
mentalidades

dejar espacio          blanco

amanecer
para que el viento
resista
también este frío.