Antiguo silencio
Primera persona
María Cecilia Romero Messein
La noche
y sus vestigios-hijos
rompen más
esta garganta ausente
de colores azules
niego los autos
que se le caen al cielo
allá en la oscuridad
las cosas se desgajan
hasta el origen de sí mismas.
no todo es espera
en la línea
adversa
que me separa del caos
hay espejos
sobre este lado de la cama.
las cosas persiguen,
el tiempo
de a poco
gotea su lenguaje.
Hasta que la muerte
borre estos naufragios
estaré sentada
aquí
esperando a que este viento
sin huesos
se lleve el alma
hasta donde bailan patos
y otras aves
la virginidad de la tierra
en su esplendor de asfixia
un halo de insomnio
en este despertar congruente
y vuelcan estas palabras
Acá. Poema. Invierno.
Como insectos furiosos
sobre la carne quieta.
Existe una extraña
conexión
entre
el azul púrpura de los días
y el ardor trivial
en el que me abandono
este mes.
Es interno
el destruirse. Absoluto.
Tengo pedazos de cutículas
entre los dedos
y no miro
por si la gente
se hace un festín
con mi escasa dignidad.
Soluble equilibrio
en este lado azul de alguna poesía
elixir
musical
embrujecidos los ojos
atreverme a no estar
donde me busca la lluvia.
Y se acerca el hombre-agua
hasta el hálito de la cama,
abre sus alas de pájaro hambriento
y equilibra su metabolismo,
como en su canción de invierno
el niño no sale de jaula
se mueve de un extremo al otro
como los autos al cemento,
revuelve sus espasmos
y deja pasar a las mujeres
con sus hijos
el sol tiene espermas
para todos los hombres
pero muy adentro
las piedras que brillan y la piedra social
mantienen al sexo
y más adentro está la palabra
que se atreve a los árboles
y no conoce la luz.
I
volver a la noche
como los colores de otoño,
alfiles se desplazan hacia allí
acá:
espera de microbios
como orígenes fuertes
sobre cualquier vestigio
II
volver a la noche
quedarse ahí
como peces inmóviles
lo más espeso del mundo
sobre el movimiento del café
III
volver a la noche
quedarse con sus pájaros
se desgarran las manos
así
entonces
c
a
e
poesía
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