algunos poemas de

mareabaja


Claudio Asaad

 

Opaco
esta luz  llega hasta la pared de enfrente
cuando se ve, habla.
digamos que expresa esta mañana cuando
lo que había era  una habitación vacía
y esta dispersión de mi mente en medio
del paisaje: vacío, silencio; pero este
resplandor, no…
este estrellarse de la
luz sobre el blanco, encima de cualquier
posible sombra, como la respiración que se contiene
por las dudas el aire aun deba quedarse
escondido.
la luz no,
aunque yo la veo,
soy el único que puede
dar testimonio de algo así
tan efímero y solitario.

yo no es algo que me suceda
ahora en el poema, sin caer
sobre la palabra como una medida
para todo lo dicho, para toda desdicha.
yo no es la luz, no es la pared,
yo
no vio, salvo esto: es madrugada
en casa mientras el poema
se escribe y la luz aun no
llegó a la pared y nada pasó
¿hasta que suceda?

 

 

 

 

Ronda

La casa redondeada, rodeada,
Es un fuerte que conspira contra al silencio.
Miro esos libros arrodillados en el piso,
Formando un altar frente a la cama, sentados a la mesa
Parados contra la pared.
Esas voces murmuran, dicen (constantemente)
Se hacen dueñas de lo que digo, lo que digo es en su nombre,
Por lo que nombran
Yo escribo.
Palabra por palabra la lluvia
Testimonia este silencio
En el que abundan
Escrituras y menciones. Este poema  les pertenece.
Ahora puedo dormir.

 

 

 

 

Cumpleaños

I
Sabes que el viento es helado
Sólo con verlo por la ventana
Atreverse a desterrar el lila de las violetas.

El amor no es una voluntad del tiempo, de la vida
Del destino que lo sopla en tu alma. Se hiela en tu sangre de sólo pensar
Qué pasaría si la muerte, si nombrarla, si pensarla.

Los vidrios separan o unen,  depende de cómo era antes de que estuvieran, depende del deseo, de la fracción de vértigo que desobedece a la angustia.

Injusta tarde, para alguien que siente que ha hecho todo para que lo que regrese sea distinto.

El gato comió, los perros están quietos.
El cielo parece algo difícil de pensar bello y de fuego y ocre en el pasado.
Las hamacas no están.
Una herencia de la música
Mueve el contorno de lo que tocas,

Algo que digas,
Apenas balbucear
Se entenderá como una mueca casi de dolor,
No se sabe porqué.

 

 

 

A tu infancia que no conocí.
II

Unos hijos misterio,
Nadie adivina que piensan,
Que sienten los domingos
A la tardecita,
Cuando lloran por sueño, cuando quieren que un sueño,
Uno sólo  aunque sea se cumpla soñando
Para que sea verdad.

Unos niños que van ligero
Cruzando patios, resistiendo distancias, buscando.
Unos hijos que se van con las horas
A habitar este lugar común, trágicamente soñando,
Desgraciadamente  roto mientras dormimos
Esperando soñar lo que no se comprende,
Resistiendo a lo que no se puede.

 

III
A la noche
Saliva amarga
 
A veces pasa
Por la carne,
Por el mate
El queso, (dijiste),
La rabia.

La pesadilla esta noche:
La pared, la huida, el mármol
Mamá esta sola allá,

y ella también
no sé por donde,  ni porque.

y esta casa ya sabe
que deberá estar de pie
y
Aunque no pueda nombrarla,

Boca amarga.

Si alguien reza
Entiendo
Pero, para  que.

Amen.

 

 

 

 

Jardin

Alcanzada por la memoria
Esta luz que antes era un reflejo
Cubre  pasos anteriores
a tu historia  y mancha la niebla
con ventanas infinitas.
El deseo es una transición
entre la ansiedad y la nada,
por eso unos brotes  como de violetas
en el hielo viajan por tu mirada
y se esconden en el árbol más
ciruelo de tu jardín;
ahí se sientan entonces
los vientos a esperar
que
las risas de los niños
pasen,
que
el viaje de
la lluvia llegue
que
tus manos
hablen
aunque la noche
pida el silencio
de luna ausente
y la casa de la soledad
encierre en pocas palabras
tu nombre.

 

 

 

Dos

El espacio del tiempo,
La trama desobediente de
Los segundos pasajeros
Aprecian devorar  el blanco de los libros,
El brillo de los metales,
La frescura del agua,
El perfume de la  fruta
Y también la piel nuestra
Sólo se traba el tiempo – ya casi no puede pasar-
Cuando una mueca
Desobediente
Recorre la plaza sin premura, merodea
Las mesas de café
Y se pone de nuestra parte
Forma grupo contra el engaño
De los días, remonta
La cadencia de las hojas callejeras,
En otoños desprovistos del sol
Y se hace un hueco entre los ruidos
De la loza contra las cucharas,
De las palabras a favor de las palabras
Y nos mira  la serenidad
Y nos cuida el brillo
De los ojos,
El perfume de la tarde,
Las especies encendidas,
La frescura de la voz
El silencio blanco
Del adiós.

 

 

h.

Si te digo,
si la huella
del labio superior
en la frontera de mi vértigo
si la humedad que se seca
en el suspiro anterior
a este hueco.
Si la condición de
Explicarte esta en tu nombre
Qué hago esta siesta,
Este calor, esta espesura
mudo
esperando

 

 

 

 

Tormenta

Este agua sin serenidad, resbala de
Todos los vegetales y con formas punzantes y heladas
Cae, rugiendo
Como un condenado al suicidio,
Fresnos castigados, tierra y barro se derriten
Entre el desorden que va dejando el viento.
No sientas malestar por este turbulento amanecer de domingo
Es tu madeja de nudos en la garganta,
la que aletea queriendo ser  lo que vuele,
No sientas
Otra cosa
Que no sea un profundo miedo
Por tu debilidad de huesos enfundados en
Carne,
Corazón frágil sobre una coraza
Y ojos que ven todo lo que termina,  muriendo.

 

 

 

Elegías

La necesidad de la casa estuvo antes,
Caminaste cuatro pasos más allá de la puerta
Que te lleva a la calle, era madrugada
Fresca, de aire suelto de hebras con agua
Y aromito de las vías,
De paso llegó un tren. Tu mirada siguió tu oído
Dijiste algo que no retuve
(se hierve el agua para el mate?)
Quería verte para siempre
Pero en tus planes estaban
Las orillas del tiempo – hacer algo para uno mismo-
Y sonreír con inocencia y caricia
Como si fuera humano poder
Con toda esa ternura
Aunque haya sido sólo un sueño,
Un ratito nomás
Y en otra vida.

 

 

 

M.D.

Es silencioso este momento.
(susurrando)
Querías una ventana al mar,
Las rocas negras de un mar
Helado que tu ventana  mirará
Aun cuando vos no estuvieras ahí.

Dijiste todo sobre la muerte del amor
A él,   a su cuerpo que te niega el
Deseo, a su nombre
Pronunciado en medio de la noche
Aunque  ya no esté.

Mejor es la escritura silenciosa
(como este momento)
En medio de la madrugada
Cuando nadie ve tu mirada
Intermitente a contramano de tu
Respiración.
La lengua de la madre esta
Coleccionando la profundidad
Del coral en cada palabra
Bordada sobre el papel

El amante es siempre el mismo
Aunque su nombre se quiebre
Sobre tus labios con otro
Cuerpo.
Perder la boca y la cara
Absorber la espuma
De la rabia,
Son acciones sin voluntad
Es lo que sucede
Eso es todo.

Rouge

El descanso es imposible
En esta vida,
Parece.
Los amigos reniegan de
Sus naufragios en el tiempo.
Se abisman las promesas propias
Ahí se ve, en un ejemplo, caer
Una promesa de espera.
Sin embargo,
Siempre hay algo
Que se escapa a
La mano que nos tiene
Y es esta desesperación
Por declararnos
Desde el ser hasta el cuerpo:
Uno del otro, por el otro para
Otras cosas, además
De los suspiros
Es decir: flor roja, suave
Como nunca, perfume
A todo,
Y hay olvido…
Ante la perplejidad.

 

 

 

mareabaja

Esta luz, la de afuera
Es de domingo a la mañana,
el viento empuja al  tiempo
de tal manera
que la noche fue suprimida por el insomnio,
por el enojo circunstancial del sueño.

Abundan, aun  los precipicios,
Los vértigos más elementales.

Es un domingo a la mañana
Y esa luz, la de adentro,
Es del recuerdo de la noche,
surgió después de girar
el cuerpo hacia el silencio
hacia la totalidad de la ausencia
de ruido,
salvo aquel lejano
recorrido del agua por
un caño imprevisto en el
plano mental de la casa.

A veces pasa que a distancia
Es difícil darse cuenta pero
Con el paso de las horas se
Reconoce la voz del río,
Después la garganta del mar,
Menos mal que al amanecer
Ya había mareabaja y sólo
Quedaron estos residuos
Estos abandonos de sal
Y tela humedecida.

 

La luz de la mañana
Vuelve todo menos trágico.
Es agotador vivir así,
Sin saber nunca
Donde esta la luna,
Y por donde caminar
Antes que el agua
Suba hasta el cuello
Como una amenaza,
Un asesino invisible
Sin arma de fuego.
Sin piedad
Sin porque.