Presentación de

Cuando el ocaso


Por Pablo Dema

Cuando el ocaso es el tercer libro de Daniel Aloisio. En el año 2004 había aparecido Arbol de sueños y en 2005 presentó Babel interior, conformado, al igual que el libro que presentamos hoy, por una serie de cuentos. Los tres libros permiten ir trazando las bases de una poética personal que se asienta en algunos puntos. Estas narraciones son producidas y piden ser leídas en relación con algunos géneros literarios altamente codificados. El policial, la ciencia ficción, el fantástico y el terror. No en vano uno de los cuentos de Babel interior comienza con un acápite de Lovecraft e incluye otro en el que hay una escena que parece un homenaje a “Lo innombrable”, un relato muy conocido de Lovecraft. Este mismo autor ha escrito un tratado sobre el género que denomina “Horror sobrenatural” en el cual queda de manifiesto que el terror es un efecto que sentimos cuando tomamos conciencia de las magníficas dimensiones del universo, del carácter insondable de la mente humana y de la presencia de antiquísimas fuerzas del mal entre nosotros. Estas fuerzas del mal sobrenaturales, adquieren en Lovecraft diversas manifestaciones; en los cuentos de Daniel, que leemos en relación a Lovecraf porque hay en ellos alusiones directas e indirectas, también tenemos presencias sobrenaturales y también el efecto del terror que siempre provoca lo ignoto. En la presentación de los dos libros anteriores de esta colección, se remarcaba la alusión a una atmósfera que ya se anunciaba desde el título del libro de Marcelo Lillo: Cuatro para la medianoche. También en el libro que presentamos ahora tenemos una alusión a lo sombrío y a lo nocturno: Cuando el ocaso. Esta es una frase inconclusa, que se abre  y queda suspendida para apagarse en unos puntos suspensivos imaginarios que dejan lugar a las primeras imágenes del libro: un cielo gris, un aire helado, llovizna, el entierro de una mujer, el relato alucinado de un hombre, un detective que va anotando todo en una libretita.

 

Este primer cuento titulado “Dos minutos más” tiene, como se ve, los ingredientes típicos del cuento policial. Hay una mujer que murió en circunstancias poco claras y un investigador abocado a la resolución del caso. Sin embargo no se trata de un cuento que repita estrictamente las pautas del género sino que se relaciona creativamente con él invirtiendo por lo menos una de sus reglas: el cuento finaliza un momento antes de la resolución del caso.  Así, en lugar de leer al final las últimas palabras del detective que deja a la luz la verdad, el cuento se cierra dejando la verdad oculta o, mejor dicho, a la vista tanto del detective como del lector pero sin que se la enuncie.

Si bien el libro consta de cuatro cuentos, hay que decir que en realidad tiene dos partes bien definidas.  “Las palabras del viejo”, “Chivo expiatorio” y “Ad Hominem” son los nombres de las tres narraciones restantes; si bien todas tienen autonomía están imbricadas de tal modo que pueden leerse como un solo relato que presenta variaciones y perspectivas diversas sobre la misma historia. En este punto quisiera hacer una breve digresión que es la vez una defensa de las posibilidades de la narración. En su último libro de cuentos, Carlos Mastrángelo se propone realizar algunos experimentos narrativos, los cuales están destinados a mostrar las posibilidades expresivas de la narración breve. Es cierto que tal como se lo concibe y se lo practica habitualmente, el cuento denominado clásico corre el riesgo de inmovilizarse en una suerte de fórmula que, una vez aprendida, se repite con las mismas inflexiones y con los mismos tics que se vuelven rutinarios. Esa idea acerca del cuento es la que lo ha transformado en un género de segundo orden con respecto a la novela. Una mirada rápida al campo de la literatura argentina no deja dudas al respecto, los escritores importantes son novelistas y, en todo caso, también escriben cuentos. Pero no parece posible lograr alguna notoriedad escribiendo solamente cuentos, todo indica que es en el campo de la novela donde se dicen las grandes cosas y donde es posible realizar innovaciones formales. El libro de Matrángelo que comentamos, se anuncia, sin embargo, como un colección de cuentos escritos para “releer y polemizar”. Uno de los experimentos que Mastrángelo presenta allí es el “Cuadrivio narrativo”, un serie de cuatro cuentos autónomos pero imbricados de manera tal que pueden ser leídos como un solo relato que presenta variaciones y perspectivas diversas sobre la misma historia. Del mismo modo los últimos tres cuentos de Cuando el ocaso conforman una especie de tríptico narrativo y constituyen, para nosotros, una muestra de que se pueden escribir textos manejando la técnica del cuento tradicional de manera creativa y personal. Digamos, de paso, que también Juan Floriani escribió un “Tríptico adolescente”, el cual es uno de sus textos más memorables.
Pero estos cuentos en serie no son una narración larga dividida sino un verdadero sistema de piezas autónomas y cerradas que se ensamblan perfectamente con las que le siguen.  Pero decir que se ensamblan con las que le siguen no es del todo correcto, porque entre los cuentos no hay una relación de progresividad cronológica. Uno podría leer los tres cuentos en cualquier orden ya que todos abarcan casi la totalidad de tiempo que la historia cuenta, aunque el orden en el que aparecen en el libro es el que le otorga al conjunto un cierre perfecto. La gran riqueza de estos cuentos está en el manejo del punto de vista del narrador, se podría decir que se cuenta tres veces exactamente la misma historia pero variando la perspectiva del narrador, lo cual da lugar a tres cuentos  distintos que observados luego como unidad, configuran un mundo denso y muy rico en matices. Así el lector se enfrenta con una realidad que no se deja reducir a una imagen unidimensional sino que se compone de múltiples facetas superpuestas.
            Pero si por una parte esta acumulación de puntos de vista produce este efecto que mencionamos anteriormente, la historia que se cuenta contribuye a su vez a poner en tela de juicio la lógica que rige la vida cotidiana. Y esto se da, como en todos los cuentos fantásticos, por la aparición de un elemento sobrenatural en un contexto verosímil, realista. A lo largo de los tres cuentos asistimos a la acelerada destrucción de una familia completa desbaratada por una fuerza diabólica, pero la presencia del mal permanece innominada en la superficie textual y si se manifiesta lo hace mediante los ropajes de lo humana, lo cual hace mucho más sugestiva la historia.
            Por último, quisiera rescatar que uno de los recursos principales del cuento es el manejo de los climas y la preparación del final. En Cuando el ocaso hay tres formas de trabajar la conclusión de los textos, las tres muy cuidadas y de gran efectividad.  Chivo expiatorio recurre al efecto de sorpresa dado por la revelación de un detalle –la identidad de una persona- en las dos últimas líneas. En “Chivo expiatorio” tenemos en cambio un recurso más sutil que en el cuento anterior, se trata de un simple indicio del carácter sobrenatural de un personaje. En el primer cuento y en el último el recurso es el final abierto, la culminación de la narración en el preciso momento en el que la verdad –en el caso de “Dos minutos más”- o lo terrible -en “Ad Hominem”- está a punto de suceder.