Panic attack, construido con 3 relatos bajo la firma de Rudyard Killng, se cimienta en la actualidad del mundo y la ansiedad que produce habitarlo, vivirlo, pensarlo y sobre todo resistirlo. Resistirlo con la certeza de que no se puede escapar de sus tentáculos ominosos y de que la construcción individual, en este caso literaria, de cualquier otro mundo paralelo (para pelearlo), no alcanza para salir de su insistencia de infierno.
De esta manera, Rudyard Killing, el alter ego más visceral de Gustavo de la Arada, da cuenta de que el mundo es insoportable en toda su anhelada diversidad, que se construye bajo una idea falsa, o al menos fingida, de la Libertad. El autor resiste esa invasión intolerable del exterior parodiándolo y putéandolo desde su interior invadido; con registros propios del mundo del Rock, en el caso de “Pop”, el primer relato de la selección, del Cine, en el caso de “Terror Japonés” y en del Viaje, en el caso del relato “Panicatac”, un itinerario agotador y adrenalínico que entremezcla paseos trasatlánticos, pampeanos y de alucinación.
El síntoma ante un mundo abrumador e invasivo hasta la violencia es el miedo. Un miedo que atraviesa a los tres relatos, aunque con distintas intensidades. Un miedo al que se lo sobrevive con chispazos de humor, de absurdo y a veces en el análisis racional.
En “Panicatac, cuentos para no dormir” se describe lo exaltado de la acción del mundo: la exaltación del sexo, de la violencia, del consumo, de las relaciones humanas.
La Escritura de estos relatos se suma al sentido o visión de mundo que ofrecen las piezas narrativas: está signada por un estado de ansiedad y de ahogo que atraviesa a personajes y narrador. Un estado de escepticismo (que incluye a la literatura) y de desesperación que no decanta (no podría hacerlo en su adrenalina vital) en una construcción “correcta”, pulida o refinada del lenguaje. En esa misma ansia lleva al lenguaje a una tensión que no deja respirar, por momentos se desarrolla a modo de catarsis adrede, como una manera más de la literatura ante lo abusivo del contexto.
El relato “Pop” pone en relieve, desde el absurdo hasta la extravagancia extrema, el accionar del fanatismo y su servidumbre. Aunque la idea se desarrolla en un ambiente de música pop y en la relación entre una estrella del género y un periodista fanático del músico, se puede extender a cualquier forma de la incondicionalidad aturdida de un fanático en general, ya sea a un músico a un líder religioso o político.
El narrador dice: “Las estrellas no están acostumbradas a elaborar pedidos o favores. Lo que quieren lo tienen. Ni siquiera se preguntan cómo sucede. Simplemente sucede. Sus antojos cobran la forma del deseo y siempre hay alguien encargado de materializarlos a sus ojos. Es así como funciona, un orden mágico del servilismo que se saltea la cuestión administrativa. Una estrella no debe planear la esfera de la servidumbre: los séquitos brotan solos incluso a un nivel imperceptible que alcanza límites insospechables, distancias siderales.”
En “Terror Japonés”, el segundo de la selección, se extrema el ruido ensordecedor de la urbanidad y de la multiculturalidad que nos abraza. Los personajes, una pareja caliente conformada por un sexagenario y una adolescente, ven una película de terror filmada en Buenos Aires del supuesto director japonés LaKagua Cintazu, cineasta encantado por los atributos de la capital Argentina. En la escena principal de la película del japonés, se escuchan planos sonoros en los que se reconoce al bandoneón de Piazzola y la voz de Victo Hugo Morales relatando un partido de Boca.
Del narrador: “Ahora las películas de terror no tienen sonidos de bisagras oxidadas. Las puertas se abren en silencio. Basta una edición eficaz y la puerta que se abre cumple también su función en la cadena de sustos. Eso pasó durante el gol de Riquelme.
Estaba la chinita en eso de levantar la cabeza cuando Piazzola hizo uno de esos cortes en los que parece que se termina el tango o la cosa que sea que toca, y Victor Hugo tomó aire adivinando el gol. Tac: los ojos aparecieron en primer plano y lo que transmitieron fue una aterradora mirada oblicua hacia la puerta. Bastó que la chinita, ayudada por la cámara, metiera el golpe de ojos japonés para que apareciera en el lugar de los ojos la puerta semiabierta con una sombra gigante cubriendo el águlo en penumbras y dos adolescentes saltaran en sus butacas emitiendo esos gritos típicos adolescentes con los que cuenta Cintazu para completar la obra de arte. Todo esto mientras se escuchaba de fondo el grito desgarrador de Víctor Hugo relatando el gol de Riquelme.”
En “Panicatac”, el último de la serie y que da nombre al libro, el narrador escribe en medio de un infarto o ataque de pánico tras un aislamiento total respecto del universo que lo rodea. A pesar de las fuertes punzadas en el pecho, no puede dejar de teclear y teclear hacia algún sentido. La catarsis lo mantiene vivo en un mundo que es para morir.
Del narrador: “Este relato no tiene que ver con la empresa de colectivos salvo por el hecho de que yo haya completado, en uno de sus instrumentos de la muerte, el círculo en el origen de la idea inspiradora. Fue la siguiente: Aislarme. Nada extraño, claro. Encerrarme. Vivir los meses finales sin salir de mi refugio. Leer al mundo desde su invasión constante, y narrarlo. Al principio decidí seguir trabajando, aprovechando la ventaja que tengo de vivir detrás y dentro de la librería. No iba a salir ni a la vereda. Al poco tiempo cerré la librería y ya ni levanté las persianas, sin haberlo decidido ni planeado. Simplemente un día no abrí, pero de ese hecho me di cuenta varios días después. No importa cuánto quieras escapar del mundo, ni qué cosa estés dispuesto a hacer para lograrlo. Es imposible. Ese indiecito raquítico en el Impenetrable chaqueño lo demuestra con sus zapatillas Nike, su gorrita Adidas… Quienes le robaron la tierra, y le están robando el agua, le esponsorean el hambre, le cuelgan sus simbolitos para la foto del National Geographic. Vive a duras penas en un bosqueselva llamado Impenetrable y sin embargo el brazo largo y pestilente del mundo llega con sus dedos de tierra escupidos, le moja la oreja y tac, le clava un piercing preventivo que dice Coke.”