Para empezar, no se me ocurre otra palabra que gracias:
-a Cartografías, por la generosidad de incluir mi zócalo en su misión de trazar mapas de la literatura de acá, con minúscula, de estos tiempos…
-al cartógrafo Di Marco, en particular, porque imaginó zócalo antes que yo misma y lo divisó en el Archipiélago que estrenó Crol de Diego Formía…
-a todos los que forman el equipo de trabajo de Cartografías, proyecto cooperativo, por el cuidado afectuoso de cada tarea que culminó en el libro impreso y en esta presentación…
-a José Luis Ammann, por haber interpretado gráficamente los poemas de zócalo en el Díptico Animé de la tapa del libro… y por todo lo demás…
-a Julio Escudero, por acompañar con pulso y ritmo vital a zócalo en su presentación en sociedad, y antes también, escuchándolo respirar apenas vio la luz…
-a Claudio Asaad, por su reseña de zócalo en Revista El Sur, que más que una reseña es un acto de amor por lo que nos une…
-a todos ustedes por estar hoy acá, dándole sentido a esto…
Un libro no es un hijo, vamos…
Hijos son Juli, Seba, Nico, León. Paloma, Lola, Astor, Tadeo, Santi, Sara, José, Flori, Pancho, Tomy, Nacho, Lara, Keyla, Emilia, Juan, Hernán, Clari, Gabriel, Fede, Agustina, Martina, Lucas…
Aunque pensándolo bien, se parece un poco….
zócalo es mi primer libro en solitario, pero está plagado de compañías: una y los otros, hilvanes desprolijos para un nosotros…
Los poemas que forman este libro se fueron buscando, se hablaron al oído, se desdijeron entre sí, se pelearon un poco y finalmente -en ese equilibrio inestable que es la convivencia- se instalaron en zócalo…
Casi todos fueron escritos desde comienzos del 2005 hasta fines del año pasado.
Algunos amigos que andan por acá leyeron ya zócalo y no han muerto en el intento… Suelo darles a leer lo que escribo casi como un ritual: pienso que lo que me une a ellos -a los compañeros- cuidará a los poemas de todo mal que pudiese atacarlos…
Al ver el nombre del libro, varias personas me preguntaron por qué zócalo:
-Porque me gusta como suena, como dice una amiga: “es una linda palabra”, y…
-no teman, hay algo menos trivial, debe haberlo…-
-Porque me seduce aquello a lo que apunta…
Dice mi diccionario:
“m. Arq. Cuerpo inferior o construcción de un edificio u obra, que crea una superficie para que todos los basamentos estén al mismo nivel”
Abajo/arriba, lo interior y lo exterior, lo que se ve y lo que no: articulaciones, disputas, tensiones…
A menudo hay que ir bien abajo para empezar a ponerse de pie…
hay que ir bien adentro para empezar a asomarse…
A veces creo que escribimos, simplemente, contra toda muerte…
Y no sé hablar de grandes cosas: por eso zócalo -con minúscula / pequeño / despojado / en medio tono…
Ahí, abajo: uniendo para que algo crezca, se construya y no caiga…
Agradezco, finalmente y de modo muy especial, a Sonia Cipriani y Adriana Escudero… el haberme acompañado -sabia y cariñosamente- a reencontrarme conmigo misma, en estos últimos años…
Dedico zócalo y lo que hay de mí en él, a los amigos de siempre, sin los cuales no me imagino la vida…
Gracias a todos por compartir y confiar.
Elena Berruti, viernes 13 de abril de 2007