Reseña de

zócalo y crol


Por Adriana Canseco*

Desde el interior del interior y a pesar de lo adverso de los pronósticos la actividad editorial sigue dando sus frutos. Las Ediciones Cartografías promueven un espacio propicio para la difusión de las nuevas voces de los narradores y poetas riocuartenses, en el sondeo de una expresión propia que busca dibujar el mapa de un territorio inexplorado de las letras argentinas, autónomo y capaz de escribir su propia forma, delineando sus contornos en cada acto que dice su identidad.
Cartografías se pronuncia desde hace tiempo como esa trinchera donde una identidad resiste y se fortalece en su originalidad que no rinde culto a los dictámenes de una cultura despersonalizada en el trance de la búsqueda de consenso. Sus editores se refieren al de Cartografías como aquel espacio necesario no sólo para que se difunda la literatura propia sino para que se desarrolle con autoconciencia crítica de su singularidad.
Desde tierra firme, Ediciones Cartografías, (que naciera a partir del proyecto inicial de la revista Cartografías, como espacio de reunión y formalización crítica de la literatura riocuartense) nos ofrece nuevas coordenadas para leer el panorama de la actualidad literaria de Río Cuarto y presenta Archipiélago, su nueva colección de poesía.
La geografía del archipiélago nos hace pensar en el dibujo azaroso que van formando las tierras cuando se agrupan, cuando una íntima afinidad las congrega y las aglutina en una nueva red de sentido; y también en esa soledad compartida de la isla, esa individualidad custodiada por un referente común: la vecindad que las hermana en razón de compartir ese espacio, satelital o anexo, respecto de una tierra que se experimenta como otra. En este sentido de reunión de lo diverso y de afirmación de la particularidad de lo único, Archipiélago representa las búsquedas e intereses que han caracterizado al emprendimiento editorial desde sus inicios, esta vez, centrados en la difusión de la producción actual de los poetas locales.
            Las dos primeras ínsulas son Crol: en el invierno líquido de Diego Formía y zócalo de Elena Berruti, relevadas por la minuciosa pasión de los cartógrafos de tierra firme: José Di Marco y Pablo Dema, sus editores.
            Ambos trabajos constituyen una muestra significativa de las voces de la poesía riocuartense que se desarrollan y fortalecen al margen de los circuitos editoriales convencionales y de la relación simbiótica con una crítica consagratoria de la que estos se alimentan. Crol de Formía y zócalo de Berruti constituyen dos hallazgos oportunos y necesarios en el a veces difuso paisaje de una parte de las letras cordobesas que se nos oculta detrás de un silencio vergonzoso: el silencio de lo que ignoramos.
El primero nos sorprende con destellos de una lengua suspensa en el espacio mínimo del poema: el verso breve, la palabra exacta que respira un ritmo entrecortado y se debate entre su acotado valor semántico, la justeza de la síntesis y el abismo que inadvertidamente asoma en ella.
El suyo es un lenguaje cargado de resonancias cotidianas (vibrantes de intimidad amordazada), balanceándose siempre al filo de la caída: puede en un instante subvertir toda certeza y convertir la mecánica del salto en puro ascenso, en un vértigo invertido. Ya  no caída en el vacío de la nada sino un sumergirse en el aire y en la luz, un ahogarse en los excesos del idioma: susurro extrañado en el territorio inconquistable del poema; braceando, a pesar de todo riesgo, en una lengua inquietante que no abandona la pasión de alcanzar la orilla fluctuante del sentido.
Los poemas de Formía se abren en el extremo doloroso de esa mirada que se quiebra para descubrir en el desnudo lenguaje del invierno la cifra oculta de lo posible.
La diversidad de la expresión poética actual se hace patente también en la obra de Elena Berruti. Su poesía resplandece con otra intensidad: la de los días de la cotidianeidad doméstica, esa que nos reclama una mirada más honda sobre su devenir marcado por la palpitación interna que nos mueve.
La mirada poética de Berruti se detiene sobre el detalle mínimo que se reviste repentinamente de conmovida maravilla, la vivencia que se rescata furtivamente de la trivialidad de los días para templarla en el poema y hacer sonar su belleza muda: atesoramiento de aquellas anécdotas al parecer efímeras pero que el poema nos guarda como un cofre demasiado puro.
Berruti nos invita a participar del secreto estremecimiento que nos desnuda y nos descubre más frágiles pero más vivos en la mirada abierta del asombro, en el ejercicio cotidiano y, por ello mismo, milagroso del lenguaje.
En los versos de zócalo la palabra se renueva y nos devuelve una imagen más verdadera de lo que perecía confundiese con el hábito. El poema respira en cada rincón donde se oculta lo pequeño, como cuando asoma esa niñez que pulveriza la realidad con su verdad sin dogmas y permite reconstruir el mundo desde el lenguaje libre y casi irreverente del poema.
Con esta colección Cartografías nos propone recorrer nuevos territorios, estos espacios a veces turbadores o insospechados, pero siempre entrañables de nuestra poesía.


* Lic. Adriana Gabriela Canseco
Adscripta de Hermenéutica
Escuela de Letras
Facultad de Filosofía y Humanidades
Universidad Nacional de Córdoba