Meditaciones objetivas
"Mundo sublunar", por José Di Marco. Editorial Cartografías, Río Cuarto, 2007, 32 páginas.
En la pasada Feria del Libro de Río Cuarto, José Di Marco confesó su simpatía por el objetivismo. Si uno obedece a mandatos históricos puede sentirse tentado a firmar el acta de defunción de esa corriente poética que en la Argentina tuvo su época de gloria en la primera década de Diario de poesía. En cambio, si se atiene a criterios estéticos, debe aceptar que el objetivismo vive en cada nuevo poema que lo encarna en sus versos.
Claro que el objetivismo de Di Marco es tardío y se desvía mucho más de lo que se somete a la disciplina de la escuela de la mirada. Hay una fuerza concentrada de meditación en sus poemas que termina imponiéndose a la ilusión del correlato objetivo y a su lacónica transcripción verbal. Si hubiera que buscarle un antepasado reciente, el primer nombre a citar sería el de Joaquín Giannuzzi.
En Mundo sublunar, la intención de dar cuenta del presente desencantado y la vocación de realismo se hacen explícitas en los epígrafes que citan un Diccionario de Filosofía, a Paul Ricoeur y a Jean Luc Nancy. Pero es en el poema "Hoy", dedicado a Diego Formía, donde la palabra de Di Marco asume la forma definitiva de una poética: "... Hoy/ que el agua se dispersa liviana/ la soledad se acuesta con sus huesos/ y el mundo, como siempre,/ no es un capricho del lenguaje".
En ese punto indeterminado donde se intersectan la imagen y la reflexión se sostienen los poemas de Mundo sublunar, entre las cosas inferiores, pero iluminados por un breve fulgor.