Los límites de Tlön


Marcelo Díaz

La luz es un resorte
que empuja hacia la sombra.
La sombra es un resorte
que empuja hacia la luz.
Roberto Juarroz

 

Es tarde para lamentarse pensó Xavier  y :

una ráfaga de luces y vidrios rotos atravesó la ventana, tomó su arma y ambos salieron de la habitación, las luces todavía los seguían,
afuera se encontraron solos en medio de la ruta; diminutos puntos de luz se veían a la distancia mientras sus sombras se confundían con las de los árboles, pueden ser camiones o puede ser Carvalho, pensaron;
Xavier se preguntó cómo había llegado a ese lugar, cómo y por qué había conocido a Carvalho y por sobre todo cómo y por qué había conocido a Nicolina,
meses atrás tuvo la idea ir a un lugar para olvidarse de las presiones académicas: estar con una mujer, ser él mismo después de tantos años y tratar de encontrar algo que le sirviera para escribir, un personaje o una historia prestada, un momento de intensidad
el lugar era un bar que todavía no tenía nombre y que no aparecía en las geografías de la ciudad,
en su primera noche conoció a Ricardo Carvalho
Carvalho le dijo que lo había visto solo
y que por eso decidió acompañarlo a tomar, que las rubias del bar eran mejores bailarinas que las morochas y que las morochas las tenía porque eran la preferencia de los clientes pero no la suya, no es lo mismo, no vas a comparar;
y le preguntó; vos qué haces?
                       así que te gusta escribir?
Xavier le explicó que quería escribir una novela y que era profesor de Lingüística, le explicó que la noche lo entristece y le quita el sueño y que: vengo a estos lugares porque quiero olvidarme, quiero perderme de una manera diferente a como se pierde la gente,
Lingüística? - gesticuló Ricardo- estudio las palabras
y veo cómo se transforman,
vos sí que sos raro le dijo el Jefe,
todavía no sabía que le decían el Jefe
pero lo intuía:
en un mundo sin ley observó que nadie se atrevía a mirarlo a los ojos,
incluso las bestias temen morder la mano de su  amo,
esa noche Xavier tomó y habló poco, el Jefe habló sobre la caza:
que era un deporte que lo enceguecía y lo dejaba sin aliento,
que los animales salvajes no inspiran compasión y que son los animales salvajes los más interesantes porque despiertan más odio,
Xavier lo vio como la síntesis de la civilización y del oportunismo, esa noche volvió con la idea de escribir un cuento, creyó que estaba inspirado y se despidió de su nuevo amigo:

I

   Todo comienzo tiene sus complicaciones. Supongamos que uno tuviese que empezar por la primera escena  del crimen: ¿dónde podríamos ponernos de acuerdo el lector y yo para delimitarlo?. Aquí empieza: justo cuando acaba de tomar su café y se asoma por la ventana para ver el frondoso jardín de la Universidad de Cambridge. O mejor aún: todo empieza en el momento en que uno de los personajes decide asesinar a otro. Mucho mejor: el narrador deja de imaginar y todos mueren y ahí es donde verdaderamente empieza esta historia.
   El narrador soy yo, que el lector quiera o no creerme está a su entera y discreta posición, yo no voy a mentirle, que él pueda llegar a confundir una proposición con otra, como un daltónico puede confundir los colores, es un asunto aparte.
   Durante un largo  tiempo fui su discípulo, el más atento y perspicaz de todos ellos, podía reconocer cada una de sus bromas y diferenciarlas de sus enunciados más profundos. Nunca hubo diálogos entre nosotros, y si los hubo fue de una manera muy especial: él hablaba consigo mismo como si hablara con otros: yo lo escuchaba
En nuestros tiempos libres lo seguíamos a todas partes, caminábamos detrás de él  y a su lado mientras hablaba sumergido en un vértigo inimaginable: ¿qué nos hace pensar que el rojo existe?, y cuando alguien iba a contestar, se respondía a sí mismo de una manera vaga, con otro problema, hasta que nadie quería hablar ni saber de un nuevo problema sin solución.
A la tarde podía verse su efigie desde el parque: Un gabán gris cubría su cuerpo, anteojos con marcos delgados y una forma casi invisible de caminar  destacaban la presencia de Ludwig Wittgenstein.

durante la semana Xavier habló con sus compañeros de estudio del texto que estaba escribiendo, les aclaró que el cuento estaría inspirado en otro texto de Borges dónde los límites entre las palabras y las cosas  son difusos,
le preguntaron: y cómo se llama el cuento?- El asesinato de Ludwig Wittgenstein -
tiempo más tarde regresó al lugar; Carvalho lo esperaba, lo miró como si algo no estuviera bien, se acercó y le dijo: vos cómo andas con el tema de la caza? Xavier nunca disparó un arma, recordó que esa semana era una semana de congresos y publicaciones:
no, lo que pasa es que mi amigo se lastimó y no puede venir, nos vamos al sur y sobra un lugar [...] querés venir?,
por la mañana estaban los dos en una camioneta con un par personas más, ninguno habló hasta llegar a las cabañas y decidir sobre cuántos días se quedarían, Xavier durmió bien la primera noche, amaneció temprano, sin mala voluntad descubrió que era el último, que todos tenían sus armas preparadas y ya habían desayunado, se sumó al grupo como pudo,
la lluvia entorpecía el camino, las noches eran densas, la niebla no dejaba percibir las cosas ni los movimientos;
ninguno de nuestros personajes encontró su destino,                       
pero el viaje sirvió para consolidar su relación con Ricardo,
esa  semana Carvalho estaba preocupado: tenemos que buscarle un nombre al lugar bicho pero no se me ocurre nada, Xavier pensó en el cuento que estaba escribiendo y dijo: Tlön, por qué Tlön?
porque  sería una frontera entre las criaturas de la noche y las del día, entre los seres que buscan la luz y los que buscan la oscuridad, entre la ley y la violencia, porque las bestias son más salvajes cuando no saben dónde están y este lugar tiene esa cosa de desamparo;
la idea del nombre no es consecuente con la obra que cita pero:
me gusta la idea, mañana nos vemos en casa y tenemos una reunión con amigos,
mientras corría pensó en Nicolina, en su mano depositó esperanzas,
que no fuese esa su última noche, que no los encontraran antes del amanecer:
   Entre sus discípulos estaban dos personas verdaderamente inteligentes. Uno de ellos provenía de Francia, un estudiante de lógica, su tenacidad intelectual era evidentemente superior a la del resto de sus compañeros. El otro era un joven alemán especialista en lingüística y en letras. Su devoción por los autores clásicos resultaba ser muchas veces mayor que su devoción por los números y los problemas lógicos. Poseía una virtud en el mundo del lenguaje, conocía varios de los problemas de L.W sin haber leído sus escritos, de una manera natural, no necesitaba forjar su ingenio para encontrarles  solución.
Permitía que la libertad obrara en él, dejaba que sus razonamientos fueran llevados hacía los territorios más oscuros de su conciencia, en un estado casi fantasmal del entendimiento.
Wender era una persona de una fisiología curiosa, de perfil bajo, cabello oscuro y un semblante de niño. Casi nunca salía a caminar. Se vestía de negro todo el tiempo. Jamás dejaba el salón de la biblioteca, únicamente lo hacía para las conferencias y para asistir a las clases de L.W. Por lo demás no dejaba de llamar la atención.
El francés era Jean Gaule: rubio y de ojos oscuros, padecía de violentas convulsiones y agudos delirios en las noches. Gozaba de la lírica española: había estudiado a los poetas y místicos  del siglo XIII.

II

El crimen ocurrió un 21 de julio del año 1949. El profesor, es decir Ludwig Wittgenstein, fue hallado en su casa, recostado en la alfombra con los brazos abiertos. Los especialistas pensaron que había recibido un fuerte golpe en la cabeza. No hubo mucha sangre. En la mesa de estudio hallaron borradores y dibujos. Sobresalían algunos aforismos que no vale la pena citar.
En uno de los cajones del escritorio fueron descubiertos unos extraños gráficos. Uno de esos gráficos era la reconocida figura de Jastrow. Otro de esos gráficos era un cuadrado con nueve casilleros y en cada casillero un número. Después de esos escasos datos abandonamos el terreno de la certeza y nos perdemos en el pantanoso terreno de lo hipotético. De nuevo hay que dejar que operen los delicados mecanismos de la imaginación.

cuando la conoció estaban los tres sentados mientras esperaban la comida: esta es mi mujer dijo el Jefe, Xavier la miró como a una conejita sonmolienta y le pareció que todo estaba mal, que el mundo no tenía sentido
y que los comentarios sobre las rubias de aquella primera noche eran ciertos: después de verla  no podés comparar,
a veces la dejo que baile sola, en el bar no tanto porque la gente no entiende que esta preciosura tiene un dueño y soy yo, pero para vos bicho tengo algo, cosa de no aburrirte toda la noche,
Xavier estuvo con una morocha, tenía las llaves de una habitación pero pensó:
por qué morocha si al Jefe le gustan rubias?
pensó que era un insecto al lado de Carvalho y que Nicolina era una flecha de luz y erotismo en ese mundo monocromático,
por la  mañana se despertó y la vio preparando un café con leche:
y el Jefe?, duerme, porque nunca se acuesta temprano, dice que el día le quita  motivos para estar en el mundo,
mañana voy a Tlön,  si querés nos podemos ver
nuestro amigo “el salvaje”  se va de caza, 
Xavier llegó a su departamento y trató de escribir:

Es extraño. L.W no era una persona de frecuentar círculos intelectuales. Entre las personas con las que se relacionaba sólo aparecían sus discípulos. Así que no era posible realizar profundas indagaciones.
La investigación comenzó recién a la semana siguiente del crimen. Sydney, nuestro detective, habló una sola vez con los dos discípulos que supieron ser las personas más cercanas. Los diálogos transcurrieron en el salón de teatro de la Universidad. Cortinas rojas cubren una magistral puesta en escena: los palcos son incontables y todas las luces están encendidas, por cada palabra que alguien llega a pronunciar se oye un eco y se confunden las voces de los personajes.
 Veamos:
“El primero de agosto hablamos, fue nuestra única entrevista. Eramos tres personas. El detective, Wender y yo. Repasamos las últimas clases, aquello que consideramos valioso. Luego aparecieron las preguntas:
“¿Quién habría de matar a L.W?. ¿Y Por qué?. Preguntó  Wender. No creo que alguien de aquí haya tenido esas intenciones. Los intelectuales somos personas que respetamos la inteligencia. Aún ante el resentimiento desistiríamos de cometer un acto semejante.
“Era claro: murió de un fuerte golpe. La habitación quedaba cerca de nuestros cuartos. Nosotros, los estudiantes avanzados, no tenemos que respetar horarios para recorrer los pasillos. Constituimos una élite: un grupo que está en condiciones de modificar el rumbo de la Historia con nuevas ideas.
“El cuadro estaba dibujado de una manera difusa. Primero: imaginar a un genio sentado con una luz pequeña leyendo y corrigiendo lo que sería su próxima obra. Segundo: una persona entra sin que sea percibido como una amenaza y  Wittgenstein muere silenciosamente. Tercero: el criminal escapa  sin dejar indicios.

hubiese preferido no ir- pensaba mientras Nicolina le clavaba las uñas en la espalda – hubiese preferido quedarme en casa y acostarme temprano,
aquella noche Nicolina bailaba en los límites de Tlön,
los amigos de Carvalho no la miraban,
yo sí [...] porque creía que en ese lugar era frecuente intercambiar miradas,
Nicolina le habló:
tomamos una cerveza?, yo te invito bicho,
Xavier le comentó que le gustaba la literatura,
no me escribís un poema?, le preguntó
dale, por favor, no te hagas rogar, seguro que soñás conmigo, no te hagás el tímido,
Xavier improvisó y terminaron abrazados en una esquina donde la luz se perdía,
sentía que no podía dejar pasar la oportunidad y decidió escribir,

Hasta el punto anterior ellos coinciden. Lo único: aparecen esas pistas. Esos extraños gráficos.
“El mismo criminal podría haberlos dejado allí, o L.W tuvo un momento antes de morir en que alcanzó a destacar unas palabras escritas, después cayó y quedaron las páginas desparramadas carentes de orden y sentido.
Observemos de nuevo las mismas circunstancias, aunque esta vez sea necesario utilizar una óptica diferente.
“Mis respuestas no han sido de mucha ayuda y sospecho que las de mi compañero tampoco- dije. Nuestra vida está muy alejada de lo que comúnmente la gente entiende por realidad. No tenemos esposas. Somos propensos a enfermedades alérgicas y a enfermedades psicológicas. Poseemos pocos amigos, cultivamos nuestra soledad de la mejor manera que un hombre puede dedicarse a ella.
“Sí, comentó Sydney. Sin embargo, nadie está exento de cometer un crimen: nadie. Y aquí, en este preciso momento y  lugar, ustedes son los únicos sospechosos.
“Los gráficos podrían estar vinculados con lo que hemos estudiado durante las últimas clases, dijo Wender, mientras recogía su sillón: lógica simbólica, la relación intrínseca entre las palabras y los números.
“Jamás se me hubiese ocurrido. Las combinaciones numéricas son infinitas, ¿cómo hacer- pregunto yo- para encontrar la correlación entre un mundo y otro?. 
“Hasta ahora he logrado entender muy poco de todo lo que han comentado. ¿A qué se refieren con la relación entre los números y el alfabeto? Mi pregunta es: ¿en verdad saben algo que yo pueda utilizar?.

    Xavier escuchó un llamado a la puerta, se levantó:
Nicolina vestida con un camisón llorando cerca de las escaleras;
esa noche nos vieron y no nos queda más remedio que,
pasá y explícame que pasó:
nunca lo vi tan enojado,
Xavier preparó un café, vio que ella miraba los libros como si no entendiera nada,  me dijo que te viera por última vez y que no te hará daño porque sos una cucaracha entonces Xavier la tomó por la cintura y le habló al oído:
por vos sería capaz de hacer cualquier cosa,
esa noche hicieron el amor, recordó las palabras de Borges:
los espejos y el sexo son monstruosos porque multiplican la especie,
imaginó una genealogía de prostitutas y asesinos dispuestos a matar por amor y por venganza; Xavier se despertó y ella no estaba:
golpeó los mosaicos del baño y en un instante de ternura y estupidez decidió ir por ella:  llevaría un arma pero no la usaría,
olvidó que las bestias perciben el miedo,
miró por la ventana, no había nadie
los borradores del cuento estaban desparramados por toda la habitación,
ya no le importaba la escritura:
Y las cosas sucedieron así. Los expedientes pasaron a formar parte de los  armarios  de la policía de Cambridge. La discusión, por nuestra parte, fue también una especie de monólogo. Wender no sabría adecuarse a una situación parecida porque rara vez se le presentaban situaciones como esas. No me extraña que sus ideas no pudieran ser entendidas por el detective. Por mi parte las cosas fueron un poco diferentes.
Es cierto que lo último que llegamos a estudiar estuvo relacionado con el asunto de la lógica simbólica. Estudiamos las diferentes formas que podrían llegar a tener determinadas proposiciones. Meditamos sobre aquellas propiedades de los objetos que les permiten diferenciarse unos de otros. A la proposición:    “ la manzana es roja”  se la debe analizar de una manera diferente que a la proposición:  “dos más dos son cuatro”. 
Con las interpretaciones sobre el crimen sucedió algo similar. Sólo teníamos que aplicar correctamente un razonamiento a una situación. Digamos que el asesino era un intelectual y al igual que cualquiera de ustedes tenía sus motivos para cometer un crimen.
Ahora la explicación: el asesino vivía sin vivir en sí mismo, en otro lugar, una realidad construida por puras ideas. Deseaba y esperaba la muerte: yo más que nadie lo creo.
De un momento a otro nuestro personaje es poseído por el odio  y toma la decisión de planear una asesinato. Una cuestión que trasciende el plano de la voluntad.
Las pistas son claras, si seguimos un razonamiento lógico de ellas podemos obtener las respuestas. Si reemplazamos los números de los casilleros por letras obtenemos un nombre. Que Sydney haya poseído una suerte de daltonismo intelectual ante los mismos hechos es para favor nuestro o por lo menos para el mío.
Los hechos planteados desde el gráfico son similares pero sólo si los miramos desde una perspectiva, desde otra se nos presentan de una forma completamente nueva, en vez del conejo, mágicamente de la galera aparece un personaje:

 

J

e

A

n

G

a

U

l

e

 

Se preguntarán ¿cómo?. Sencillo: La niebla cubre los jardines de la Universidad. El asesino espera hasta la noche. Los horarios para él son libres, no tiene horarios. L.W quiere terminar de escribir su obra y lo reconoce.
No imagina qué lo motiva a estar allí. Descansan, hablan de música, de la soledad y por supuesto de los números y de las palabras. L.W le ofrece otro café  y al darse vuelta es golpeado fuertemente  en la nuca con el ángulo más filoso  de un busto de bronce. El asesino desaparece. Más tarde, en realidad debieron pasar unos pocos minutos, L.W recobra momentáneamente la conciencia, y trata de escribir un nombre. Poco después: muere.
La narración, esa miopía estilística que está dada por la precisa sucesión de hechos, la manera lineal de contarlos, no puede concebir al criminal como un sujeto que es capaz de separarse de sí mismo para narrar la historia desde aquí y no desde ese otro lugar que forma parte del sentido común.
Otra vez me encuentro ante los hechos y en los hechos por decirlo de alguna manera.
Sydney apenas podía saber quién era Ludwig Wittgenstein.
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es demasiado tarde [...] vos te pensás que nos vamos a salvar?,
ella tenía unas botas blancas y un vestido rosa con manchas de barro, la encontró en Tlön, en una pieza oscura, no pudo ver a los amigos de Ricardo pero ellos lo vieron: cuando entró sintió un aire de desesperanza sobre su espalda,
sintió que todo era parte de un laberinto y que cada paso que había realizado hasta llegar allí estuvo premeditado por Carvalho desde un principio:
se les acababa el tiempo;
Xavier observó que de la boca de Nicolina salían unos hilitos de sangre
y que tenía las piernas llenas de moretones y de picaduras de mosquitos,
los dos se quedaron en silencio:
el tiempo no pasaba y las luces de los camiones permanecían  inmóviles,
entonces Xavier le propuso que escuchara su historia: un policial con personajes violentos pero más inteligentes que ellos dos, le narró el cuento y ella le preguntó:
y cómo termina?
   No sé por ahí aparece el criminal y le explica al lector por qué decide cometer su delito:

III

La filosofía nunca será una forma de enseñar a las moscas a salir de sus frascos sino todo lo contrario. Es muy posible quedar completamente encerrado en una infinita sucesión de signos.
Se debe acabar con los intelectuales porque sus ideas representan las formas más crueles del poder.
Wittgenstein lo sabía, pero era demasiado egoísta como para querer salvar el mundo.
Hasta ahora nadie puede resolver el crimen, sólo quedan estas palabras.
¿Por qué asesinar a L.W? dirán ustedes. Imaginen lo que sería construir un santuario sobre la imagen de un pensador, que todos los intelectuales recitaran sus proposiciones en una constelación de congresos, jornadas y homenajes: ¿qué sería de la humanidad?.
Personas que preferirían estar sumergidas en el fantasmal mundo de las abstracciones. Para eso existe esta narración, para que todos conozcan al emancipador de la Historia: si al fin y al cabo yo siempre he sido el discípulo más inteligente.


 

ella le dijo que se complicaba mucho la existencia, que los asesinos de verdad no razonan tanto: se dejan llevar por el olor de la sangre
y eso siempre se lo recordaba Carvalho;
Xavier creyó que la realidad desaparecía en ese lado de la ruta
y apenas comenzaba a renacer de nuevo con aquellos puntos luminosos a la distancia; escucharon unos ruidos:
una grieta de luz apareció en el asfalto y la efigie de Carvalho se materializó en las pupilas de Nicolina:
a ustedes les hace falta una brújula, cosa de no perderse;
las noches son, por definición, oscuramente intensas;
una vez más Xavier se sintió un insecto, se despreció por no sacar su arma
por no mirar a Carvalho a los ojos y ver cómo el desprecio se encarnaba en su rostro de cocodrilo;
los dos, tuvieron una visión diferente de su muerte,
los dos, vieron cómo la luz del asfalto se hacía cada vez más grande
y de a poco perforaba sus cuerpos hechos de sombras;

después Carvalho encendió un cigarrillo y dibujó un mapa con el humo,
se dirigió hacia el lugar donde lo esperaban sus amigos y les dijo:

                                                    esta noche me quiero acostar temprano.

 

 


Cariel Motel

-1-

¿Por qué mejor no te comprás un manual para perdedores y te callás de una buena vez?

- decretó el Jefe.-

Ribolzi lo miró asustado:
mejor me voy, señor, dijo
los dos hombres a su lado se llevaron las manos a la cintura como si buscaran un pez difícil de atrapar.
Vos no te vas a ningún lado, Ribolzi- el Jefe le explicó que no podía irse, que la gente como él antes de irse de esa habitación: o antes de irse del mundo: tenía que pagar sus deudas.
Ribolzi, perdiste mucho dinero en mi casa, mucho dinero y no creo que tengas esa cantidad a tu disposición: ni que puedas conseguirla en cien años,
te voy a hacer una propuesta, escuchá con atención y puede que tu vida cobre algún sentido;
Siqueiros era el vecino de la manzana del Jefe:
Siqueiros ha hecho varios negocios en los últimos meses a mis espaldas. Su historia es breve pero no por eso deja de ser interesante: de todas formas esto no es una biografía:
vos, matás a Siqueiros y quedás libre- los guardaespaldas miraron a su huésped como con desprecio;
pero, cómo lo mato?
Así: todos los viernes Siqueiros frecuenta un motel[...]ese motel es mío- él no lo sabe- y ahí se acuesta con una de mis chicas. Vas, entrás – antes abrís la puerta- y asesinás a Siqueiros, y después, si querés, hacés lo que se te cante con su acompañante;
tengo opción?- y una mueca de tristeza resumió la vida de Ribolzi.
Los guardaespaldas lo dejaron en la puerta.
Dos días más tarde Ribolzi toma un taxi: un día antes piensa en la serie de premoniciones que anticiparon su presente:
Primero: cuando se despertó por la mañana advirtió que su novia había dejado la cama desarreglada; al tiempo nadie preguntó ni se interesó por ella
Segundo: la muerte de su perro, el veterinario dijo que fue por culpa del alimento.
Tercero: el fallecimiento de su madre era el último gesto de una providencia siniestra y tentadora, con la muerte de su madre tuvo dinero para las apuestas pero no suficiente.


-2-

 

El taxi lo deja en la esquina del Hotel, luces de neón iluminan la cuadra.
Dos prostitutas pelean por saborear polvo de ángeles antes de que el lugar se transforme en un infierno.
Camina: tropieza con el primer escalón y le tiembla el arma.
Toma un pasillo y continúa, tiene una representación mental del lugar pero es bastante borrosa, quiere estar seguro de no equivocarse en cada pliegue del edificio,
hay manchas de rimmel por todas partes, una de las puertas está entreabierta:
otras dos mujeres confunden sus cuerpos en el suelo, la de abajo tiene una almohada en el rostro, apenas puede respirar, y lo disfruta, Ribolzi no termina de entender por qué está allí,
ni cómo estas cosas le pasan nada más que a él,
la puerta señalada está en su lugar; golpea una vez, nadie responde
con mucho cuidado mira por la cerradura, todo está oscuro,
abre la puerta y enciende la luz: una mosca anticipa su llegada,
nadie en el comedor, nadie en el baño, entonces busca una pieza:
Siqueiros está boca arriba, acostado con un arma parecida en su mano derecha. Del otro lado, la mujer con una bufanda de hematomas en el cuello.
Ribolzi no alcanza a entender qué sucede: busca su arma pero no la encuentra- es como un pez escurridizo- piensa: la metáfora le parece una revelación de lucidez innecesaria,
puedo pasar? pregunta una voz desde el pasillo, la voz es parecida a la del Jefe pero no lo puede ver:
Siqueiros era mi mano derecha, hace unos meses demostró una debilidad inusual por mi dinero y mis mujeres: esa es mi mujer,
la maté yo mismo - pero no quiero entrar en detalles- ese es el cadáver de Siqueiros, también lo maté yo;
y el arma? murmuró tímidamente Ribolzi,
es tuya, decretó la voz, la dejaste en el piso después de disparar para confundir a la policía,
vos los mataste pero antes de morir Siqueiros la buscó y te disparó:
no lo pudiste advertir, porque esas cosas pasan y a veces no nos damos cuenta;
ese no era el trato, además yo no los conozco- Ribolzi cerró los ojos,
imaginó el cuerpo del Jefe como el cuerpo de una sombra,
bueno[...] ahora los conocés:
quiso parpadear, Ribolzi quiso parpadear
pero sintió una descarga de miedo sobre su espalda
y una lluvia de peces de colores invadió todo el lugar.  


 

Punkies


Agua, agua imitativa y sangre
que insiste en acorazarse en las venas.
Osvaldo Lamborghini.

 

   Las larvas son un ejemplo de la excesiva actividad que a diario realiza el universo; de noche estas criaturas buscan desafiar su propia gravedad; confinadas a la depredación,  persisten inmunes en los límites de la escritura;
el ciclo evolutivo de una larva es una bisagra en la sintaxis; primero nace en el interior de un huevo, allí  −fruto del desarrollo embrionario−nuestra futura amenaza busca su destino con cierta felicidad,
al poco tiempo su superficie presenta una cutícula con estriaciones y un par de alas −sí, alas!− laterales cerca de la cavidad bucal, 
finalmente adquiere una morfología adulta, ahora sus alas están proyectadas sobre los extremos de la membrana celular, se desplaza de célula en célula hasta encontrar una placenta, un cuerpo que la proteja de las inclemencias de la vida;
algunas pueden seguir creciendo y a medida que pasan los años desarrollan manos, brazos, piernas y una línea capilar, simétrica y húmeda, comúnmente conocida como cresta
son inmunes a la oscuridad y al respirar, de la nariz, les caen gotas de luz,
el modo en que respiran es uno de sus signos, es una manera de presentarse en el mundo, podemos advertir su presencia porque se observan pequeños puntitos luminosos debajo de las persianas; viven en calles, plazas y estaciones de subtes, están a la espera de una revelación, que a veces les llega en forma de pastillas;
ahí pasa una grande, acompañada por una larva más chica,
dale Sid- dice la más alta- deja de patear bolsas y escúchame,
me escuchás?, en las pupilas de Sid se materializa la cara de Groucho,
sí, sí...−no quiero pasar otra noche sin inyectarme giladas[...]otra noche lucido y me mato−,
no hay peor cosa que una sobredosis de lucidez −argumenta comprensivamente Groucho;
a pesar del tiempo de gestación todavía no han desarrollado una memoria,
su identidad se construye en una habitación llena de hongos con un póster de los Sex Pistols en la pared; no duermen, por lo tanto no necesitan camas, pasan días enteros sin comer, alimentándose del miedo;
mirá- un rapado!, grita una,
el rapado patea sombras que van y vienen por toda la calle,
de a poco toman consistencia y una, casi accidentalmente, golpea el estómago de Groucho,
rata inmunda!, lo hiciste a propósito; un destello de resentimiento ilumina sus rostros,
rata asquerosa!- grita Sid y le amaga al aire, el caminante los roza y sigue como si nada; nadie me escucha − murmura en voz baja Groucho− siempre pasa lo mismo,
entonces corre con la esperanza de que sus cromosomas−emperrados en la mugre del mundo−no se desangren; y de un parpadeo se acomoda en el centro de un  catch improvisado, como puede Groucho lo toma de los brazos, le dice que se arrodille, que abra la boca bien grande y que muerda el cordón de la vereda,
mientras el roñoso clava los dientes en el asfalto por detrás viene cantando Sid y con un puntapié en la nuca le deja el alma desdentada;
la mirada de Sid se aferra a la silueta vulnerada del rapado, siente sus latidos cansados y el ruido de los huesos al cambiar de posición; está sediento, y no sabe de qué;
el rapado asoma la cabeza y la esquina, por un instante, dibuja un mismo organismo con las ruinas de la  realidad: si tuviera un cigarrillo[...]acaso mataría por un cigarrillo entre mis dedos- piensa - su pensamiento es un pensamiento líquido y su cuerpo es un espiral que realiza movimientos continuos de dolor,
no llora ni grita, sabe que nadie lo quiere ayudar, porque un rapado también es una larva y en ciertas ocasiones tiene que haber un poco de cordura en el vacío de todas las cosas........................................................................................................................................
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................................................................................................................................................ hasta cuándo vamos a correr?- pregunta Sid- el cuero le ha dejado un corte en los pies y se le hace difícil continuar; dos larvas moviéndose rápido por las calles no despiertan la curiosidad de nadie, las cadenas de Groucho son una señal de advertencia, de no pregunten qué está pasando,
cruzan todos los barrios de la capital: preferentemente de norte a sur, atraviesan semáforos en rojo, zonas rojas, saltan autos, puentes y nadan sobre ríos contaminados, desde el centro hasta la periferia, desde los departamentos con porteros eléctricos hasta las casas de barro;
vamos a parar cuando estemos cansados– explica la de mayor altura – no querés parar en una villa a estas horas [...] vos sabés lo que pasa cuándo paramos afuera de casa: palo y a la bolsa – y hace un sonido de palmas con las manos;
Groucho nunca fue punk (o nunca quiso serlo) pero: ahí está, la representación que tiene de la ciudad en momentos como estos es bastante borrosa, por no decir pobre; con el consentimiento de su agudo sentido de orientación descubre que no sabe en dónde se encuentra: esa es la línea C[...]bajá rápido- las palabras de Groucho parecen seguras y Sid se reconforta con la idea de que con él a su lado no hay posibilidad de perderse, por más que en el letrero diga D y no C;
los guardias han cambiado sus horarios; antes era diferente, los perros de la civilización habitaban todos los lugares conocidos: en los sótanos, en las entradas de los edificios, en los asientos de los  taxis, en las páginas amarillas, en las preposiciones, no había un lugar en el que no estuvieran, hoy - aunque el miedo persiste- son inofensivos;
Sid tampoco quiso ser punk, pero: ahí está, no recuerda cuando la maquinaria se puso en marcha por primera vez, tampoco le interesa; son criaturas desplazadas por la historia;
y van a toda velocidad por una caverna urbana y atemporal, perdidos en una red infinita de pasajes, desaparecen en una curva y reaparecen en otra, hasta que un punto blanco llama la atención de Groucho,
vamos para allá − y señala el vértice luminoso; no son ellos, es una fuerza superior la que los moviliza hacia esa dirección; el vértice se expande y cubre con su blancura sus camperas negras; suben por una escalera de servicio - para personal autorizado -, convencidos de que al final del túnel encontrarán una revelación,
primero llega Groucho, unos segundos más tarde el cuadro se completa con la presencia de Sid: los codos de una y de otra están cerca, parece como si se hubiesen tomado de la mano; intuyen que el movimiento es una ilusión y una excusa para no quedarse quietas;
sentado en un banco, leyendo el diario: la revelación que tanto esperaban,
y ese quién es? – pregunta Sid; Sid siempre hace las preguntas; sólo que esta vez la ansiedad termina por corromper su sentido común, 
Groucho toma la iniciativa:  [...] y vos [...] cómo te llamás?
Lubarsky − modula tímidamente; no advierte que forma parte de un paisaje crispado por la ley de la desgracia;
Sid cree que la respuesta – que el nombre −  es un escupitajo contra su decencia;
adelanta sus pasos, se coloca frente al banco - un impulso irresistible contrae su voluntad -
y lo embiste: por más que alcanza a cubrirse Sid le quiebra varios dedos de la mano,
no soy yo − le explica, mientras le vacía los ojos con sus nudillos −es mi herencia ácida; incluso el lenguaje regresa a un estado larval cuando Sid habla;
el cuerpo inmóvil jadea, imita el desplazamiento de las células pero con eso no le alcanza;
y ahora qué hacemos?− Groucho tiene la respuesta, le basta con mirarlo; comparten el mismo (re)sentimiento por el futuro;
lo levantan del suelo: a patadas y de los pelos, no les importan las hemorragias debajo de la piel, ni que bocanadas de sangre broten de su rostro como un fuego difícil de apagar;
escuchás?− el sonido sacude las paredes y los rieles, la nube de humedad y de polvo los interrumpe; el tren se mueve a la manera de una oruga metálica,
y si lo tiramos, Groucho?− Lubarsky no imagina lo que ocurrirá −, la velocidad del viento despierta el odio de las vías; la respiración acelerada y la contracción de los glóbulos rojos hacen el resto: las únicas en reventar en el aire son las venas - se agotan las simetrías del espacio- el resto de las partes se acomoda en los cables, en los carteles y en las láminas de neón: carroña, son manchas de rabia y de barro sanguinolento;
pestañean y sin darse cuenta se tropiezan: tienen los brazos de Lubarsky rendidos a sus pies; a Sid lo sacude un escalofrío; una especie de cráter que crece y le perfora la espalda,
Groucho percibe unas protuberancias, unas pequeñas alas, parecen  el esqueleto de un árbol en invierno; sin embargo reconoce que es imposible que le estén creciendo alas, así que lo palmea en los hombros y le dice: no tenés nada Sid [...]quédate tranquilo.


 

Haikai


¿En una época en que esta taquilla
es la mejor prueba del negocio,
por qué, entonces, no aprovechar el éxito?

Leónidas Lamborghini.

 

Me llamo Kobayashi- explica- mientras los dedos se le contraen por culpa de la ansiedad;
pasó horas gritando en un idioma desconocido; los vecinos pensaron en los perros, que por las noches adquieren un lenguaje – semántica y sintácticamente hablando- muy similar al de los hombres de la zona;
asistieron al festival de cine de la Capital con la esperanza de que las cosas cambiaran, sería una oportunidad para modificar esa sucesiva cadena de fracasos que denominaban destino: ser una leyenda, un residuo de la cultura de masas- pensaba Laurel;
y si contás una historia para pasar el tiempo? − una que no sepamos − le sugiere Chico;
por momentos la narración los pierde y por momentos los encuentra, idénticos a sí mismos, hasta que la inquietud está completamente domesticada y como dos delfines que asoman su cabeza sobre el agua se dejan llevar por la trama;
Chico y Laurel se conocieron en un club para cinéfilos; a la salida hablaron de los yakusas;  eran el ejemplo más acabado de las sociedades civilizadas, asesinos dispuestos a matar por lo que fuese: si rozaban sus espadas, si se miraban sin pestañear, si tropezaban uno con el otro o si bromeaban: morían embarrados en su propia sangre;
por esas causas que uno como narrador no puede comprender comenzó una amistad pura y desinteresada basada en su fascinación por las películas orientales, los trenes más rápidos del mundo y las últimas novedades deNintendo;
el día en que apareció la  noticia del casting para actuar de extras en un comercial japonés fue un llamado en vivo y en directo del mundo de las estrellas; las entrevistas estallaban, los jóvenes hacían cola para anotarse y en el instante en que ellos se presentan con sus zapatos, sus trajes y sus lentes tipo natural born killers:
gracias [...] pero ya tenemos a nuestra estrella− el éxito nunca fue una obsesión para Laurel hasta que escuchó la palabra estrella como una amplificación de su futuro;
yo siempre quise ser actor −Chico casi llora y Laurel con una palmada en la cintura le dijo que no había problema, que el porvenir se construye por medio de decisiones,
entendés?- eso sucedió cuando todavía estaban en el secundario;
la semana pasada llovió y todas las manzanas de la capital vomitaron sus entrañas; Chico leía el diario mientras esperaba un pasajero (hace un mes que trabaja de taxista) y no pudo obviar los títulos de la sección cultural; encendió la radio, le puso el seguro a las puertas, miró con despreció a los simios desesperados por trabajar;
Laurel miraba cómo el mundo se venía abajo; imaginaba formas con las gotas de lluvia para no quemarse cuando el taxi lo invitó a salir de la pizzería;
 qué pasa[...]no ves que tengo que atender a la gente?
  leé:
 el nuevo film del director japonés provocó en la prensa acreditada un inocultable sentimiento de frustración

 pero [...] y con eso[...] nosotros no tenemos la culpa;

 ya sé; el asunto es que viene para presentar el film [...] te das cuenta?

 lo podemos conocer [...] y por ahí [...];

pensó que ya era hora de decidir, la idea lo convenció, era eso o quedarse a contar las monedas del cambio debajo de la cortina de  agua;

el plan: Chico lo pasa a buscar en un auto alquilado – preferentemente de origen nipón, para inspirar confianza; la agencia dispone de una buena variedad de autos importados así con que eso no hay problema -; y le dice: vengo para llevarlo a la presentación; pasean por la city porteña – suerte que es extranjero –; paran en un semáforo y ahí entra Laurel armado; y con mucha calma lo ubica al director en su posición;

el plan funcionó, a no ser porque Laurel llegó cinco minutos tarde y Chico tuvo que soportar los insultos de camioneros que no entendían cómo era posible no avanzar en el cruce de la autopista con la luz verde encendida; problemas de oficio- pensaron...................................................... ................................................................................................................................................ ................................................................................................................................................
la lengua lamida y relamida de Chico, completamente vacía de experiencia ahora habla: una guarida sólo sirve los primeros días; ¿gracias a qué impulso verbal tiene la iniciativa para decir eso?; a la semana es necesario cambiar el lugar y emprender camino por la ruta hasta estar a salvo; lo instalaron en una casa abandonada cerca de San Miguel,

frente a la casa vive una anciana; con escoba en mano vio venir la nube de tierra; hizo como que barría y los miró fijamente a los ojos; ella, buscando un gesto de asentimiento;  ellos, un gesto de complicidad; la habitación es cómoda;

me llamo Kobayashi – explica mientras termina con su narración; los vocablos se  desarman en su singularidad y los ojos de Laurel y Chico se dilatan como si hubiesen visto el fantasma de un Samuraí;

pregunta: por qué me secuestraron?; vimos todas sus películas, crecimos con ellas y ahora; Laurel mueve la cabeza– queremos ser una leyenda–; detrás de la ventana siente un ruido como de insectos,

– si me dejan libre [...] y se encoge de hombros resignado a la voluntad de sus captores;

el ruido se vuelve más intenso y se ubica en la puerta de calle; podemos hacer una película     – modula Laurel; nosotros, los actores –; la voz de Chico parece un grillo;

la vecina habrá llamado?; – no creo – responde esperanzado Laurel; 

y esa gente? – por eso nos miraba la vieja; el silencio frena las palabras de Chico; entonces lo miran al director esperando un guiño de ojo cuando las cosas ocurren;

una multitud los espera fuera de la casa; es como una invitación, un puente tendido entre  pizzerías, taxis y películas de Takeshi Kitano;  levantan los brazos y los colocan sobre sus cabezas; el cinto de Chico está flojo; la primera foto captura los pantalones caídos; después las luces son tan fuertes que el resplandor los enceguece; el primero en subir al patrullero es Laurel, las calles no están tan vacías a esta hora – piensa –; basta con mirar las copas de los árboles para sentir como la realidad se organiza de nuevo.