zócalo


Elena Berruti

Cuidados

No hay horizonte a la vista.
Piso que pueda sostenerla
no hay.
¿había?
¿habrá habido?
¿puede haber?
Descontrol / Desyo en el pozo de caerse dormida o no
-terror infantil + “no es nada”-
Nada no es.
El tiempo se pone viscoso y
no hay luz ni luna que pueda
con tanta densidad en el aire.
Descontrol enseña
                    educa sin pedir permiso.
Se mete con sigilo en
lugares de tu cuerpo-historia
que no visitabas hace
muchas vos.
Normalidad de la que te burlabas
-herejía intelectual-
se va sin aviso
y la extrañás
como a toda madre.
Escritura espanta-miedos
cobija lo que otros llaman
alma
-pobre racionalidad herida-.
Lenguaje acuna sin oprimir.
Debilidad de los porqués.
Ciencia intenta sustituir fe,
contra todo pronóstico de
historias que –ariscas-
pelean con dientes y uñas por repetir
otra vez
otra.
Amor como tela delgadísima que abraza sin asfixiar
y provoca guiños
                        risa.
Preguntar a otros sobre una
esfuma bordes de cada una de esas 3 letras.
Deshace.

 

Confianza

Dice que
no debe ser fácil
ser otro.
Descreerse
Desmirarse
Contradecirse
Le dicen que se aprende.
Como quien ha perdido
un brazo
una pierna
un ojo
la alegría.
Ella desconfía.
No solía hacerlo.
Tal vez ya
sea otra
o ensayos de otras.
De una de las
que la habitan,
sin saberlo
o –lo que es lo mismo-
fuera de control.

 

Crece

mi hijo crece con el
apresuramiento de lo natural
de lo de todos los días

una pulsión
un movimiento implacable

crece a destajo
sin detenerse en proporciones ni cálculos

como al descuido
como pasto desprolijo no césped

sin intenciones
acultural

agranda los ojos hasta que
algo brilla

se ríe con todo el cuerpo
sin jajajá
o llora de pies a cabeza

dice verdades que me hacen ahora lo que creí  olvido
dice mentiras que no puedo dejar de creer

nos da vuelta los bordecitos del alma o piel de adentro

me hace más yo      menos nada;
ida y vuelta a la tierra del sentido
para los olvidados de la esperanza

mi hijo invade zonas de veda y va descalzo;
tristea y no,
prueba y falla y va por más

reescribe un gesto nuestro y no podemos no temblar

dice, abraza o carajea;
estira brazos y piernas
hacia mañana
con el mismo coraje no premeditado con que
juega

y daríamos la sangre por ahorrar
dolor/vacío/insomnio
traición
y la sangre no alcanza
pero nutre

y él sigue creciendo a destajo
a contratiempo o descultura
iluminando hasta los más lunes.

 

Hombre/chico/zócalo

Hombre que camina delante de mí
en la mañana del lunes frío

con una mano arrastra la bicicleta
(o al revés)

su cadera sufre cada paso
no acompaña el caminar con
tranquilidad
la pelea
(o ya no)

hombros barquinean cansancio
acumulado en la espalda
y
pies remontan el andar más que pasos
(no fácilmente)
al aire oponen resistencia y
ganan terreno mínimo de modo casi
inercial.

Más adelante
-más allá de él y de mí-
cruza la calle en sentido contrario
un carro

no me animaría a afirmar que
el chico que lo maneja de pie
¿de pie?
esté cruzando / algo/ también.

Objetos transitan con más facilidad que los seres que los manipulan.

Equilibrea al trote del caballo flaco
cuerpea la juntada cotidiana de lo que
otros
desechan
y vive de eso
vive
vive de eso
vive con los dedos y la piel de la cara cuarteados como la pintura humedecida del zócalo de casa
-del que (entre paréntesis)
me quejo: no poder arreglar
porque el sueldo no alcanza.

 

Supieras

Supieras la paz que
no hay
cuando te alejás de vos
-distancia de sí que duele-

atormenta lo calmo
siembra maldades impensadas

Te dejás ir como al descuido
sin sangre

huís del dolor:
pérdida de lo que vive

En retirada
caés
en doble fondo sin
pizca de magia o goce

no te oculta:
apenas tapa los bordes de
tu cuerpo

te disculpa a medias las
facciones del miedo.

Tan poca luz.

 

En pantalones no se puede hacer hechizos.

 

Efímera

como los tatetí que mi hijo
dibuja en el espejo del baño
después de ducharse

vapor se va
des-hace y chau

(vestigios quedan
camuflados
como clave que necesita un aliento tibio muy cerca que sople para aparecer y
alguien que sepa leerla).

La que sufre de su existir
ni cinco centavos le da:
abandonar el terreno de lo que creíamos
manso
ejercita sus bordes-hembra
no luz
no para que la quieran
no-quedar-bien

reedita
sombras de ayer que
creía luminosas, puras.

Eso
vulnera los costados que la
separan de los otros
pero también de sí
-interior
que no se repliega
despega hacia un exterior que no es afuera
precisamente-

feminea el aire
el fuego mujerea
sin hacer escándalo.

Dice
tomo y obligo
acá estoy, cuidándome:
“inestable” es un verbo que se conjuga parecido a “miedo”
pero no asusta

faltan unas cuantas puntadas
para que la trama se sostenga
se tenga de sí:
hablo de mí cuando digo ella, vos, usted.

El frío de la piel de adentro es
abrasivo
pero algo abriga de tanta desesperanza y
tiene tu nombre
y tu nombre
y el tuyo…

Escribir
la sana en grises algodistantes de los extremos

la cura de la inercia de
dejar irse como agua de lluvia
por la boca de tormenta de cualquier esquina.

Decir no
ya no pone en riesgo lo que une
(es más: lo nutre
por la vía de la diferencia).

No te mientas estados de calma,
digo; de gracia.

Sin perdón todavía al descontrol, a la mezcla, a lo no contundente ni definido
hay
algo maníaco
en el repaso previo y posterior
de tus días
(suciedad de los detalles: escondés)
¿estás?
enajena este modo otro de
hacer caso
hombrea las costillas de tu escribirte.

Llanto que no moja no limpia ni purifica.

Te pido que la dejes llorar
te pido que la dejes
-desobedecer-.

Diente que hinca profundo
puede volver obligatorio lo libre
lo que se elige sin ley.
 

 

Dejáme

dejáme
dice mi hijo
y frunce el ceño como su padre
y se para enfrentando soberbio el mundo
como su madre
solía hacerlo hace tiempo

lo dejo
con la serena tranquilidad de la que sabe
que volverá con sus dos años a cuestas y
algún problema tan tremendo como
tener sed

y aprendo de él
y me digo
dejáme
tener miedo
dudar
masticar la punta de la birome
pegar chicles debajo de la mesa
reírme porque sí y demasiado fuerte
escribir en primera persona
descreer

dejame
contradecirme improvisar
equivocarme repetidamente y
perdonármelo


dice mi hijo
intensamente lo pronuncia
y se lleva la mano al pecho
señalando su propio existir
único

me enseña
(de la mejor manera: al descuido):
y me digo 

también existe
irreductiblemente
a pesar de todo

daría varios sábados al sol
por una porción pequeña
de su seguridad de sí
de su plantarse en el mundo

y

(envidia mediante)
si “mí” se empaca en dejáme, dame, a mí

lo reto
y no me vengan con que eso es educación.


De la lluvia

antes de la lluvia no
se puede pretender certezas
asegurar que se ama
nada

una quietud incumplida nos predispone a las grandes palabras
de pies de barro y manos que se desarman como niebla o vapor de los pies sobre la arena húmeda

va a llover
¿vas a amar?
¿perdonarás?
¿intentarás emparchar lo roto?
¿deponer armas sin desprecio?

seguro que va a llover
si ya hay olor a tierra mojada
si ya te cuesta decir agua sin sentir sed

no hay seguro que valga
proteja un poco
no hay reparo
si todo contacto con otro es
contagio

escribís como quien no sabe si cerrar o abrir ventanas antes de la lluvia
   como forma desprolija de nombrarte
   como insistencia puesta en duda

el lenguaje delinque:

se amansa y parece hasta
agachar la cabeza
agitar pañuelo blanco
¿te busca?
te atraviesa
jugándola de buenito y
deja herida que sangra al revés
-aunque cicatriza, gusta-

se esconde, se trasviste, abandona,
va por otras lluvias no siempre de agua
no de las que se anuncian y
no sabés si cerrar o abrir
ventanas
almas
países

va a llover
no es olor anticipado de tierra llovida
no corte de manga a la lógica del ozono

pero va a llover, seguro,
si no se aguanta
el calor
la presión
la incertidumbre
el silencio
la página-patria en blanco

Aunque salpique un poco
aunque entre tierra
aunque te desordene
abrirás los postigos
correrás las cortinas
sacarás el cerrojo del lenguaje/mundo después de tanta
nada.

 

Sin intención

acunar a un hijo
mientras se llora
tiene algo de riesgo

invoco para él un sueño tibio
y enfrío con sal su duermevela

dormir al pequeño
entre lágrimas
tal vez no sea inocuo
-una nana no nube-

aliento que descanse
en mí-en-medio-del-angustiar
¿manchará su tránsito a la tierra del sueño?
¿cortará el hilo de retorno no cruel a la vigilia?
¿humedecerá la sabanita de la cuna del soñar?

he llorado mientras acunaba al hijo
lo acuné mientras lloraba de
dolor tristísimo

llanto que acuna
amansa amargo
aquieta mal el aire

también se enseña a llorar
-sin intención de hacerlo-.