Poemas de Daila Prado1


   Aquel hombre baila
un ritmo alegre

sus pies –cincuenta y pico años-
andan por su mundo –su maqueta-
airosos y livianos

como no le fue dado andar por la vida
-la probable oficina, gradas y jerarquías-

como no pudo, grácilmente, instalarse en un destino
madre, luminoso

al contrario
cabe sospechar
por la raya de ceniza en la mirada
que amontonó razones
acopio laborioso
de prescripciones contra el olvido,
la muerte voladora,
el desamor o el pelo blanco

aquel hombre
sin embargo
baila

baila como entre las dalias de su niñez

baila como si de a ratos
hubiera encontrado la secreta sangre
múltiple
de lo que explota, cesa y de nuevo late

baila un hombre

como ofreciendo sus hijos tersos
a una vida de perfume verde

sus hijos
que miran por la ventana
y piensan que la vida debiera ser otra cosa

El perfil del hombre baila
tiene dos o tres preguntas fundamentales
nada más pudo cosecharle al tiempo
ni ordeñar otro jugo que el del desconsuelo

sin embargo

conserva aún
-miren, algo en el pómulo, la frente-

el resplandor del Dios
que prometíamos ser.

(Inédito)


                                                                                 Para mi hijo Gustavo

  Hermafrodita
cóncava
con ese andar gracioso del pato
tuviste cuatro brazos
tu agüita espesa alimentó a un cachorro
y eras toda vos y otro

ahora
en este departamento
donde a veces canta un pájaro invisible
enhebra la luz delgada de septiembre
y tus mejores hilos de danzar

lo ves
tan crecido y propio
tan dueño esplendoroso de sus rodillas
perfectas
el aire de la tarde acecha
el contorno exacto de su mejilla áspera

el siglo se acuesta dócil
en su flanco de potrillo

ves cómo se despega de todo gris
cómo la liendre de lo gastado
no halla escondrijo en el vigor de su pelo

con tus ojos de carbón
ves cómo se despega

su pensamiento dispara ráfagas
y no se lo decís, pero iluminan

explotan

él se mueve con torpeza y soltura
tiene dientes apenas torcidos
confía

ves cómo se despega
y vos, que casi nunca rezaste
porque te ocupaban nimias cosas parecidas
a los trabajos y los días,
a eclipses rojos de luna,
a las plegarias dichas con carnal susurro,
a las pestañas náufragas del sueño,
a los dados que encierran el tiempo,
a la piel de zapa

vos, que nunca rezaste
ahora
como si tus manos no respondieran
más que a un silbido enervante
las cruzás

y te arrodillás por él y su maravillosa vida
en la madera de todos los escarnios,
de las crudas expansiones,
de los ríos revueltos y las victorias azules,
de las innúmeras células

te arrodillás al borde
de lo que fatalmente no conocés

por él y por su maravillosa vida

vos, que en tus años lujosos
de siempreviva
casi nunca implorás

(de El Borde 5, U.N.R.C, 2000)


   Rita Haywhort
la pelirroja
la furiosamente amada
no pudo un día terminar su discurso:
de pronto no comprendió los signos,
ni su estar en un tablado
ni alcanzó a nombrar
venas azules, por sus manos

   Decía “colibrí enredado”
señalando una puerta barnizada   
decía “se cierra la boca del día”
cuando le preguntaban dónde le duele

desaprendió sin fatiga
a leer, a recordarse hembra y Rita,
a saber para qué sirven
el rouge el trigo y las almohadas

   Mal del Alzheimer
mal de Alzheimer
ogro rey del desorden, abanderado de la locura

al menos eso dictaminaron los doctores

cabe preguntarse

si no fue una adelantada si no prefiguró
brutalmente

la perplejidad,
la elemental ignorancia
en que caemos, mundo.

(Inédito)


  1. Lo que pudo ser una plegaria a la tierra,

Acompañada con erkes y danzas en semicírculo:

 

            Cántanos pues, canta en nosotros la yema del maíz
            y la sequía
            llóranos tus bellos animales muertos
            gran matrona olorosa a sangre, a leche de árbol
            y de hombre
            grítanos tus fragmentos de pluma y savia
            de corazones empurpurados
            cuéntanos historias de antiguos paraísos
            y que seas en nosotros

            que seas en nosotros, apacentándonos!

 

  1. Perplejidad contemporánea:

 

¿Dónde cantas ahora, madre renga,
pájara aluda siempre que callas?

 

(de ALGAZUL,  Ediciones del Empedrado, 1991)


Daila Prado, Rosario, 1956. Sus cuentos y poemas han aparecido en varias revistas locales y nacionales, y merecido numerosos premios. Es locutora y periodista radial. Entre sus publicaciones se destacan: Bla Bla 8 (1984), Algazul (1991), El borde cinco. Volumen 2 (2000). Reside desde hace más de veinte años en la ciudad de Río Cuarto, donde ha escrito lo fundamental de su producción literaria. [Volver]