Elementos para una definición del cuento1

Que la literatura no sea una ciencia ni, mucho menos, una ciencia exacta, no significa que la crítica literaria carezca absolutamente de ciertas normas que, por elásticas o imprecisas, no son menos existentes. Quien quiera que estudie los grandes maestros, analizando sus cuentos más famosos y ateniéndose a lo que hay de común en éstos, llegará a las mismas o aproximadas conclusiones a que hemos llegado nosotros. Y fundiendo estas conclusiones con algunos juicios parcialmente acertados de diversos autores, los elementos cardinales para una definición del cuento resultan los siguientes: 1º) Un cuento es una serie breve y escrita de incidentes; 2º) de ciclo acabado y perfecto como un círculo; 3º) siendo muy esencial el argumento, el asunto o los incidentes en sí; 4º) trabados éstos en una única e ininterrumpida ilación; 5º) sin grandes intervalos de tiempo ni de espacio; 6º) rematados por un final imprevisto, adecuado y natural.
            1º) ¿Por qué una serie, y breve, de incidentes? Porque generalmente no basta uno solo. Hay un delicioso cuento de Guillermo Estrella, La araña, que desarrolla un asunto tan insignificante que únicamente un cuentista fino y consumado como él pudo hacer del mismo un cuento. En cierta ocasión descubre sobre el vidrio de su ventana a una inofensiva arañita “casera”. Este hallazgo, con la consiguiente descripción del animalito, constituye el primer incidente.Pero esto no es un cuento. En días subsiguientes la araña aparece de nuevo y el autor comienza a observarla y a conocerla. Estos nuevos hechos se van pareciendo a un cuento, mas todavía no lo son. Un día el observador descubre que el animal, nuevamente sobre el vidrio, empieza a tender una emboscada a su futura víctima, distendiendo sus tentáculos, hasta que se abalanza sobre una mosca y la devora. Recién ahora es un cuento, y bien terminado. Lo de breve ya no se discute: “no hay cuento de mil páginas”, etc. En realidad, casi nunca pasan de las 7000 u 8000 palabras (20 a 25 páginas aproximadamente; aunque la mayoría apenas si cuentan con la mitad).
            2º) ¿Por qué de ciclo acabado y perfecto como un círculo? Porque un buen cuento, por corto o largo que sea, es siempre un todo armónico y concluido, como un organismo vivo o un órgano en perfecto funcionamiento, donde nada falta ni sobra.
            3º) ¿Por qué es muy esencial el argumento, el asunto o los incidentes en sí? Porque en el cuento, insistimos, no hay tiempo, motivo, ni espacio para describir ambientes, personajes, ni caracteres, salvo el caso especial en que se base en esos elementos. En el cuento nos interesa solamente lo que está sucediendo y cómo terminará2.
            4º) ¿Por qué trabados los incidentes en una única e ininterrumpida ilación? Porque es la columna vertebral del cuento, y que nadie ha señalado, a excepción de Quiroga. En la novela, en la novela breve y aun en el relato, las ilaciones o líneas de interés o de incidentes –como los problemas, los ambientes, los caracteres y los personajes- pueden ser tantos como al autor se le ocurran. Cuando en un trabajo narrativo, aunque sea corto, el autor abandona un asunto o personaje para tomar otro independiente, desde ese instante deja de ser un cuento. Si bien no es lo común, éste puede admitir diversos ambientes y personajes, siempre que todo obedezca a una sola línea temática y de interés. En este sentido, el cuento es el menos realista, sincero y exacto de los géneros narrativos. Mucho menos copiante y fiel, como expresión objetiva de la realidad, que el relato y la novela. Porque el cuentista –casi siempre un inventor, un verdadero creador- en su concepción, en su estilo y en su técnica hace un verdadero estrujamiento, escorzo o escamoteo de la realidad en su conjunto, para tomar y utilizar sólo lo que a él le convenga para su designio artístico. Y la más pequeña desviación o digresión puede resultarle nefasta. Éste es uno de los rasgos más notables en los mejores cuentos de quien enseñaba: Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final SIN VER OTRA COSA que el camino que les trazaste. En cambio se equivoca Quiroga cuando expresa: Un cuento es una novela depurada de ripios. Mas de inmediato recapacita: Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.
            El artista, si es hábil, -escribía Charles Baudelaire, refiriéndose a la novela corta- no ajustará sus pensamientos a los incidentes, sino que, habiendo concebido deliberadamente, a placer, un efecto a producir, inventará los incidentes, combinará los acontecimientos más apropiados para conseguir el efecto deseado. Si la primera frase no está escrita con el fin de preparar esa impresión final, la obra será defectuosa desde el principio. En toda la composición no debe deslizarse una sola palabra que no contenga una intención, que no tienda, directa o indirectamente, a completar el propósito premeditado3.
5º) ¿Por qué… sin grandes intervalos de tiempo ni de espacio? Porque la unidad de tiempo, de espacio y de asunto es otro de los signos de estas composiciones ejemplares. Todo sucede en poco tiempo y en un lugar determinado. Son raros los cuentos maestros cuyos sucesos no transcurran en pocas horas o días y en un mismo pueblo o lugar. Se dirá que los hay que ocurren en meses y hasta años. Pero quizá abunden más los que, esencialmente, se desarrollan en pocos minutos. Tampoco abundan los que comienzan en América, siguen en Europa y terminan en la China, o a la inversa, por así decir, como es frecuente en cualquier novela. La tristeza, La cerilla sueca, Historia de una anguila y tantos otros de Chejov; El retrato oval, El pozo y el péndulo, La carta robada y los más populares cuentos de Poe; un incontable número de trabajos de Maupassant y su inmortal Bola de sebo, con algunas características de novela breve pero un verdadero cuento en su médula; La aldea de los muertos y algunos otros de Kipling; Mateo Falcone, correspondiente a Merimée; Cavallería Rusticana, por Verga; El abismo, de Andreiev; El regalo de reyes, por O´Henry; Cambio de hombres, de Joseph Cross (pseudónimo de Howars Nemerow y W. R. Jonhson); Los expulsado de Poker-Flat, el genial cuento de Francisco Bret-Harte; El desierto, El almohadón de plumas, A la deriva, Los mensú, El solitario, que son las mejores creaciones de Quiroga; La selva de los reptiles, por Joaquín V. González; El viento blanco, de Dávalos; El número cuatro, y varios más, de Guillermo Estrella; Noche de reyes, y otros de Gudiño Krämer; Cuento de hadas;  de Barletta; La inundación, de Martínez Estrada, uno de los más excepcionales cuentos escritos en el país; todas estas composiciones imperecederas, que merecen la inclusión en una antología universal del cuento, y no pocas más, argentinas y sobre todo extranjeras, que sería demasiado largo enumerar, se desarrollan en su núcleo esencial en un solo lugar o región y en su mayoría no duran ni años ni meses, como tantas novelas y relatos.
            6º) ¿Por qué… un final imprevisto, adecuado y natural? Porque es otra de las cualidades inherentes al cuento. Exceptuando el concepto expresado en el Nº 4, acaso podría afirmarse: el final lo es todo en el cuento.
            Por eso, después de leerse millares y millares de trabajos breves, al hacerse un balance restan muy pocos buenos o que puedan denominarse realmente cuentos. Esto es quizá el factor principal que ha originado afirmaciones como la siguiente, de Pedro Ortiz Barili: Por cada cuento bueno el genio literario ha dado a luz diez buenas novelas. Por cada cuentista brillante los anales de la literatura mundial registran diez brillantes novelistas. Cervantes, con ser Cervantes, no logró reeditar en ninguno de sus cuentos la hazaña que significa su novela inmortal
            El relato y la novela, especialmente la novela larga, soportan un final mediocre y hasta malo. Puede decirse: He leído una buena novela con un final que “no me convence”. Este “no me convence” puede incluir un contenido ideológico, psicológico, moral, sentimental o emocional, que no satisface plenamente al lector. Pero la novela “en su conjunto” le agrada. Ese “conjunto” en el cuento vale muy poco o nada. Y cuando se dice de un cuento que su final “no convence”, es poco menos que afirmar que el cuento mismo “no convence”.
            Siendo pues tan importante la terminación, no debe dejar entreverse hasta el instante mismo del fin. Si esto es grave, más lo es que el lector lo sospeche en el momento de iniciar la lectura como suele sucederles a algunos autores noveles.
            El polo opuesto es el desenlace tan ilógico o rebuscado que resulte, literalmente, traído de lo cabellos. Esto es tan desastroso como lo otro. Por eso la conclusión ha de ser simultáneamente imprevista, adecuada y natural.
            Explicar todo esto parecerá bizantino y redundante, pero creemos que la excesiva claridad no está de más.
            Resumiendo: El final debe serlo realmente, de acuerdo al claro significado de la palabra. Vale decir: un desenlace que cierre perfectamente el ciclo empezado, que remate el período del asunto, de la emoción y del interés. Cuando el lector de un cuento vuelve la hoja para seguir leyendo y el autor lo ha terminado ya, es lo peor que puede sucederle al lector, al cuento y, sobre todo, al cuentista.


Notas

1 Capítulo XVIII, cuarta parte de El cuento argentino. Contribución al conocimiento de su historia, teoría y práctica. Hachette; Buenos Aires; 1963; pp. 103-108.

2la diferencia entre novela a secas y novela corta va más allá de la simple extensión –intenta aclarar Eduardo A. Dughera-. En aquélla se puede desarrollar un argumento trascendental o insignificante, simple o complejo, pues ello no cuenta, con tal que estén bien delineados ideas, ambientes, tipos y el autor se valga de un buen diálogo para acentuar caracteres. EN LA NOVELA CORTA, POR LO CONTRARIO, LO FUNDAMENTAL ES EL ARGUMENTO, EL CUAL DEBE POSEER, ENTRE OTRAS MENORES, LA FACULTAD DE PROVOCAR EN EL LECTOR UNA SOLA VIBRACIÓN EMOCIONAL, POR SI ESTA SI DIVERSIFICA Y PERMITE LA ENTRADA ARBITRARIA DEL RELLENO, LA TENSIÓN DRAMÁTICA SE AFLOJA Y EL FRACASO ESTÁ A LA VISTA. Refiriéndose luego a la novela extensa, señala la bifurcación repetida del hilo de la trama. Y NADA DE ESO OFRECE NI PUEDE OFRECER LA NOVELA CORTA.
                Los conceptos más importantes de Dughera, que coinciden en un todo con los nuestros, son los que hemos reproducido en mayúscula y que están de acuerdo también con el Nº 4 de nuestros “ELEMENTOS”. El único error de Dughera consiste, a nuestro juicio, en confundir la novela corta con el cuento. Las características que él con tanto acierto señala corresponden a éste y ni a aquélla, pues la diferencia entre novela a secas –como él dice- y la novela corta es mucho menor, y es quizá una cuestión de tamaño más que forma y estructura, como hemos visto ya.

3 El único posible error de esta magnífica tesis de Baudelaire es el que mencionáramos al citar Dughera: corresponde al cuento más que a la novela corta. Si bien ambos autores tocan distintos puntos, en un momento dado sus conclusiones casi llegan a identificarse.