Mastrángelo novelista


Por Pablo Dema

Para nombrar esta revista recurrimos a una expresión que remite a lo geográfico, a lo espacial. En consonancia con esto la lectura se entiende como un recorrido, como un itinerario y, para continuar con la metáfora, el conjunto de las obras que intentamos ordenar se nos presentan como lugares, "territorios imaginarios" los hemos llamado. Estamos habituados a manejar esas expresiones figuradas, seguramente porque no nos cuesta pensar a los escritores como sujetos que, como solemos decir, instalan mundos, mundos que a menudo tienen marcas o señales que creemos encontrar en nuestra cotidianeidad. Hay autores, obras, "territorios", vastamente visitados por los lectores, los cuales cuentan con mapas orientadores, con esquemas de esos espacios que son las obras. Editados y reeditados continuamente, organizadas sus obras completas acompañadas de textos críticos, nos es más fácil penetrar en "el mundo de Borges" o en "el lugar de Juan José Saer". Por más personales que sean las lecturas, nos enfrentamos a ellas desde algunos esquemas-guías de lectura; el lector recorre las obras acompañados de mapas que anteriores cartógrafos han trazado.
           
Hay otros escritores cuya producción está terminada -o casi- y no han sido leídos en su totalidad. En el primer número de Cartografías esbozamos un recorrido posible de la obra de Juan A. Floriani. Separamos cuentos de novelas, marcamos puntos sobresalientes, continuidades, evoluciones. Una tarea análoga emprendimos en el segundo número de Cartografías, el cual tiene como protagonista a Carlos Mastrángelo: ensayista, tratadista, cuentista, novelista y crítico literario. El lugar que constituye el cúmulo de textos de Mastrángelo ofrece, como se ve a primera vista, una geografía más diversa que el de Floriani. Otra diferencia es que Mastrángelo tuvo mayor trascendencia a nivel nacional, lo cual puede tener como causa el hecho de haber vivido un tiempo en Buenos Aires y haber publicado en editoriales de mayor envergadura que Floriani -recordemos que este autor publicó varios libros con el apoyo de la Municipalidad de Río Cuarto, la cual, al no ser una editorial, no los distribuye y además imprime libros de escasa tirada1. Mastrángelo, por su parte, publicó en editoriales como Plus Ultra, Claridad y Stilograf, entre otras. No tenemos noticias, en el caso de Floriani, de que haya textos críticos o tentativas de sistematizar su obra. Tampoco encontramos a este autor mencionado por otros colegas fuera de los límites provinciales. Sí hay un cuento traducido al ruso y participación en antologías de cuentos donde comparte plaza con autores como Cortázar o Filloy, pero esto se debe a que el compilador de dichos libros fue, justamente, Carlos Mastrángelo. Este último en cambio, fue leído por Sabato, Ezequiel Martínez Estrada, Carlos Castagnino y Bernardo Verbitsky. En la misma colección en la que se publicó su primera novela también aparecen nombres como Pedro Orgambide y Luis Franco, autores que participan, si no de un canon de la literatura argentina, del grupo de autores que ningún lector asiduo de nuestra literatura desconoce.
           
Estas observaciones no pretenden marcar diferencias cualitativas entre los autores (¿según qué criterios?) si no sólo señalar la diversidad de la recepción y alcance que ambas obras tuvieron. Comenzar con Floriani es en sí mismo la prueba de la relevancia que su decena de libros tiene para nosotros. Para seguir con la metáfora territorial: la obra de Floriani era un lugar incógnito para nosotros y los lectores, por eso en el número anterior hemos querido proponer un recorrido posible. La obra de Mastrángelo, mucho más diversa como hemos dicho, posee zonas más conocidas -sobre todo su trabajo como tratadista del cuento- y zonas efímeramente visitadas por lectores más o menos ilustres. Quizás la parte menos conocida de esta obra es la novelística y eso, en gran medida, porque una de las tres novelas que escribió Mastrángelo permanece inédita desde 1967.
           
La primera novela se titula El hombre desconocido y fue publicada por la editorial Claridad en 1949. La segunda, Barro limpio, apareció en 1958 editada por Stilcograf. Esta segunda novela contiene un extenso texto en la solapa -que quizás supla la ausencia de todo comentario en la contratapa- en donde se mencionan las repercusiones favorables que tuvo El hombre desconocido en Buenos Aires. Según ese texto preparado por la editorial, Ernesto Sabato, Ezequiel Martínez Estrada, Luis Gudiño Krämer y Bernardo Verbitsky vertieron comentarios elogiosos sobre la primera novela de Mastrángelo. El texto de la solapa nos permite inferir que Mastrángelo era una voz reconocida en el campo de las letras argentinas en la década del ´40 y el ´50.

La tercera novela de Mastrángelo permanece inédita. En el original mecanografiado hay solamente dos enmiendas significativas. Una es la fecha de conclusión de la obra: sobre el año 1966 hay una corrección en birome que pone 1967. El otro cambio, más importante todavía, es el título de la novela: los caracteres mecanografiados que rezan "Agua Amarga", fueron tachados por la misma birome y en su lugar figura como título "El guadal crucificado". Las mismas correcciones, fecha y título, se repiten en la portadilla del original. Esta tercera novela consta de nueve capítulos indicados en numeración romana, ninguno de ellos lleva título a excepción del primero que se llama "Agua Amarga". Al no tener título ninguno de los ocho capítulos restantes suponemos que la aparición de "Agua Amarga" antes del primer capítulo es la repetición del título de la obra que no fue tachado porque esto ya se había hecho en la tapa y en la portadilla del original. Fuera de estos cambios y algunos errores ortográficos o de tipeo corregidos a lápiz, la novela está perfectamente concluida.

Un rasgo notorio que surge de la lectura de las tres novelas es una relativa continuidad espacio temporal y una adhesión a las normas del realismo. Los indicadores temporales son muy explícitos en la primera novela aunque no en las demás; sin embargo en éstas aparecen fragmentos de diarios y cartas fechadas al igual que menciones a notas aparecidas en periódicos que permiten reconstruir aproximadamente el tiempo de la historia narrada. Las tres novelas transcurren en años sucesivos y están ubicadas en espacios relativamente similares: el sur de la provincia de Córdoba, Río Cuarto, pueblos de esta región que todavía existen y otras pequeñas localidades imaginarias -Agua Amarga, Los pajonales, La Lechuza Muerta o Cielo Azul- que tienen características análogas a los otros pueblos reales y funcionan como sitios imaginarios cuyas infraestructura y características demográficas y sociopolíticas remedan a las de los demás pueblos reales mencionados en las novelas. No estamos sugiriendo que en el caso de Mastrángelo se haya diseñado una región imaginaria como en el caso de Faulkner, sino más bien, de un modo similar al de autores como Héctor Tizón o Juan José Saer, una insistencia en situar a los personajes en una misma región en la mayoría de las obras2. Más adelante se verá que también los cuentos transcurren en su mayoría en estas ciudades y pueblos imaginarios y en Río Cuarto3.

La mención a Tizón también puede sernos de utilidad para marcar otro rasgo similar, esta vez en cuanto a la continuidad temporal de las obras. El autor jujeño está escribiendo su obra según un plan que pretende abarcar un determinado lapso de tiempo, el cual está dividido en "ciclos". El primer ciclo comienza a mediados del siglo XVIII y el último nace con la llegada del ferrocarril a La Quiaca. Más modestos, más exiguos y, que nosotros sepamos no explicitados, son los "ciclos" de Mastrángelo, los cuales abarcan aproximadamente tres décadas. El hombre desconocido comienza en el año 1932 y se extiende hasta 1937. La segunda novela va aproximadamente desde 1938 hasta 1945. La tercera novela tiene la estructura de un extenso relato enmarcado. El relato se inicia a comienzos de los ´60 y consiste en la narración de acontecimientos ocurridos durante el primer peronismo y los años sucesivos. Es decir que la línea de tiempo que abarcan las novelas cubre treinta años aproximadamente y el trasfondo político que se evidencia con mayor nitidez es el desarrollo de la estructura sindical que desembocó en el triunfo de Perón en las elecciones de febrero de 1946.

 

I. RETRATO DEL ARTISTA ADOLESCENTE

El hombre desconocido narra un aprendizaje. El protagonista, Leonardi, un adolescente recién salido de la escuela secundaria, se dedica casi exclusivamente a la lectura y la escritura. Hijo de una familia de inmigrantes que pasó de la mayor pobreza a una posición relativamente cómoda, Leo es, como más adelante le dirán algunos conocidos militantes de izquierda, un escritor burgués en ciernes. La novela está impregnada de una terminología  marxista y la evolución ideológica y estética del protagonista debe ser pensada en esos términos. Leo frecuenta amigos con los que discrepa continuamente y a los cuales siente moralmente inferiores. Estas personas -a veces extiende los juicios a sus propios hermanos- se dedican a cosas nimias y frívolas como la preocupación por la ropa, los automóviles y los lances amorosos4. Él, por su parte, vive en un cuarto del fondo de la casa -"La cueva"- y se encuentra "sumergido en ese mundo inventado por sí mismo y sugerido por las novelas, y cada vez más alejado de los seres de esta tierra" –p.14-. Sus preocupaciones son existenciales y casi exclusivamente de índole personal, aunque algunas veces discute con sus allegados porque él siempre está en defensa de los pobres y oprimidos mientras que sus padres esgrimen los argumentos típicos de una familia de clase media5.

Por otra parte, Leonardi suele cruzarse con obreros militantes. Nuestro personaje simpatiza con ellos y no desconoce a los representantes del llamado grupo de Boedo, pero es inactivo, enfermizo y su ánimo oscila entre la depresión y el resentimiento6. Frente a los obreros militantes, cuya posición es netamente anarquista, Leo es un escritor pequeño burgués. Uno de estos personajes anarquistas -el francés Mariverné-, que morirá luego en un incidente confuso entre manifestantes y la policía, tiene una conversación con Leo. Mariverné se refiere a los "escritores revolucionarios", "escritores con conciencia de clase" y entonces Leo menciona a Alvaro Yunque, Roberto Mariani, Leónidas Barletta y Elías Castelnuovo. Este diálogo es interesante porque capta algunos matices ideológicos que se desdibujan con el tiempo. Para Mariverné solamente son revolucionarios los "escritores soviéticos", aunque, como se ve a continuación, no todos los soviéticos ya que Mariani, Barleta y compañía son considerados "escritores pequeño-burgueses chinchudos y tolstoyanos". El adjetivo "tolstoyano" está usado negativamente, como si la afinidad ideológica o estética con Tolstoy inmediatamente desacreditara a los escritores argentinos. El único hombre de Boedo que es medianamente tolerado por el anarquista es Castelnuovo porque fue obrero, aunque se le critica que haya evolucionado ideológicamente del anarquismo al marxismo: "¡Además vio a Rusia con sus propios ojos! ¡Se fue anarquista y se vino comunista! ¡Chau!"-p. 68-7. Leo aprecia a los escritores de Boedo, no tanto por sus aptitudes artísticas sino por su "intención redentora y social". Pero por sobre todas las cosas admira a Arlt: "Le hablé de Los siete locos; dije, más o menos, que en esta obra veía algo así como el germen de un genio, que el chato medio social se encargaría de aplastar". La respuesta de Mariverné con respecto a Arlt es lapidaria8, Arlt es demasiado "raro" y la revolución que planea el astrólogo le parece irrisoria.

Ése es aproximadamente el sitio que ocupa Leo Leonardi al inicio de la novela: entre los anarquistas que no lo toman en serio y el sentido común de su familia preocupada por frivolidades.

Leonardi planea publicar un libro de cuentos y tiene numerosos diarios en los que anota sus reflexiones. Esos textos, que al principio de la novela son su tesoro, serán quemados al final cuando, después de un viaje a Buenos Aires, Leo regrese cambiado, irreconocible. El personaje que impulsa a Leo a partir de su pueblo cordobés es un amigo, ex compañero de escuela, que reside en Buenos Aires y con el cual mantiene correspondencia. Además de este amigo -Marcos Zchwarts- Leo tiene un médico conocido de ambos que también vive en la Capital. Estos dos personajes son los que alientan a Leo para que viaje a Buenos Aires y pueda de este modo librarse de la chatura del pueblo, restablecerse física y psíquicamente9 y continuar escribiendo. Con respecto a la función del arte le dicen sus amigos: "Bueno o malo el arte que no se nutre de la realidad sangrante de todos los días no nos interesa (...) Faguet decía que un escritor es genial cuando interpreta los anhelos de su tiempo, adelantándose a su materialización (...) En cuanto a Ud, mi estimado Leo-Nardi, no limite sus observaciones a su mundo interior. Usted es una realidad, pero una ínfima parte de la realidad. Y ésta realidad -su realidad- está condicionada por el medio" -p. 64-. En la carta del amigo de Leo aparecen dos de las ideas que están en germen en el aspirante a escritor y que luego se transformarán en las certezas que orientarán su futuro. La primera es el determinismo social: el medio en el que se habita prácticamente anula la voluntad y si es desfavorable, como en el caso de la Argentina de la década del ´30, conduce fatalmente a la ruina: "Porque la sociedad tuerce en la mayoría de los casos el camino normal  de una aptitud, acorralándola, asfixiándola, aplastándola" –p.19-. Y también, al pensar sobre el destino de sus compañeros de escuela Leo se pregunta. "¿Qué habría hecho de ellos la vida, es decir, la sociedad, o sea los hombres, engendrando esa fuerza inmensa e invencible llamada determinismo económico social?"-p.18-. El otro gran tema es la función del arte. Sin llegar a la postura extrema de Mariverné10, Leo se transforma sobre el final de la novela en un escritor “comprometido”. Por eso dijimos que El hombre desconocido narra un aprendizaje y por eso también hacemos alusión en el título de este apartado a la novela de Joyce. Lo que Leonardi aprende, la lección que le dan sus amigos de Buenos Aires y el ejemplo vivo de los sindicalistas, es que la literatura debe estar al servicio de la liberación de la sociedad:  dice el narrador sobre una charla entre Marcos y Leo: "O hablaba -Marcos- de la necesidad de no describir únicamente en los cuentos, como Leonardi lo hacía, y a veces bien, la realidad psicológica de un individuo (sus relaciones consigo mismo) sino también su realidad social (sus relaciones con la colectividad)" p.245. También dice Marcos: "El valor de un hombre está en relación con su utilidad social. Los hombres son grandes cuando saben y pueden coincidir con las corrientes sociales e ideológicas progresistas de toda una época" p. 241. A lo que responde Leo: "-Muy bien... muy bien... -murmuró Leo, que de tanto en tanto asomábase a la superficie de la zona negra en que vivía, como aprehendiendo una lucecita desde el fondo de un abismo". Estar en la "zona negra" es estar desorientado y aislado, y los diálogos con sus amigos y el ambiente favorable de Buenos Aires -"donde aparecían La literatura Argentina, Nosotros, Claridad y  Actualidad, y donde vivían todos o casi todos los escritores argentinos y uruguayos que conocía y con algunos de los cuales de había carteado”- le permiten ver la "luz".

 El adolescente Leonardi, enfermizo, hosco, cerrado, pesimista y de un idealismo ingenuo se transformará en cinco años en otro, en "el hombre desconocido". Pasa de ser un adolescente deprimido a un hombre enérgico y con determinación. El símbolo externo de su transformación es el abandono del bastón, el paso firme con que recorre el pueblo después de volver de Buenos Aires donde fue sometido a una operación en la clínica de su amigo Lezer11. A su regreso de Buenos Aires Leo publica un artículo sobre política en un periódico y quema la mayoría de los libros de su biblioteca y todo lo que había escrito antes: "Estos últimos meses de su vida habíanle evidenciado tantas cosas, que aquella repulsa por toda la literatura insana y romanticona que tenía allí amontonada apareció de nuevo en él, recordándole que de todos los libros que llenaban casi su cuchitril, quizás no había ni diez que coincidían con su nuevo criterio sobre la vida, los hombres, el arte" –p.362-.

 

II. BARRIO LIMPIO

La segunda novela de Mastrángelo es, desde el punto de vista formal, más compleja que la primera. Barrio limpio está dividida en dos partes y cuenta dos historias bien distintas que se tocan al final. Una de las historias es la de Alejandro Minden, joven habitante de un pueblo provinciano que viaja a Buenos Aires a estudiar medicina. La segunda historia es la de la familia Gómez, centrada principalmente en uno de los hijos, Rosendo, cuyo itinerario será el único narrado íntegramente.

Estos dos personajes vertebran la novela que se construye como un relato de contrapunto ya que los capítulos que se ocupan de uno y otro se alternan hasta que en el séptimo de la segunda parte el médico y el sindicalista Gómez se encuentran uniendo de este modo las dos historias narradas.

Alejandro Minden
           
Minden pertenece a una familia de clase media baja y realiza sus estudios de medicina, en principio, para satisfacer un viejo anhelo de su padre, que no llega a verlo recibido. Esta historia del médico está dividida, como dijimos, en dos partes. La primera comprende el período en el que Minden estudia y trabaja como ayudante y luego como médico en la clínica del Dr. Torselli. La segunda narra las peripecias de Minden -que funciona como modelo ejemplar de los médicos argentinos- para establecerse y desarrollar su profesión con honestidad.

La historia de Minden tiene una clara función de denuncia. El narrador en tercera persona focaliza la historia en el joven médico y por sus ojos ingresamos al mundo de la medicina privada. Simultáneamente con el personaje, el lector descubre los arreglos espurios entre los médicos y los laboratorios y los manejos de las clínicas privadas que seleccionan a sus pacientes según su poder adquisitivo. Minden comienza trabajando como ayudante del Dr. Torselli, dueño de una clínica privada y antiguo profesor suyo, y, una vez que se recibe, comienza a ejercer en la misma clínica. La admiración que Minden siente por su antiguo profesor se irá transformando progresivamente en decepción ya que Torselli se ha convertido en un hombre que utiliza la medicina para lucrar12. El planteo es fundamentalmente ético, se nos muestra al joven Minden cuestionando un sistema regido por el interés económico. Conjuntamente con Minden aparece otro médico, el Dr. Guagni, que también abandonará la clínica de Torselli disgustado con los manejos antiéticos de la clínica. Dice Guagni con respecto a los visitadores médicos: "Usted no se imagina, Minden, los millones que los laboratorios gastan en publicidad y muestras gratis. Los médicos (...) son simples instrumentos modelados por esa monstruosa propaganda. El médico se está convirtiendo en un lacayo del visitador" -p. 34-. Y agrega Guagni con respecto a la política de la clínica: "las mitad de los enfermos que usted ve paseando aburridos por estos jardines o torturados por el solo hecho de pensar que están internados, no tienen lo que se dice nada. Pero aquí no solamente no se les ha sabido decir eso, ni nos han permitido hacerlo (porque tal cosa significaría tener que mandarlos nuevamente a sus casas y perder los cien o doscientos pesos diarios de pensión....)” –pp. 35/36-. La medicina privada, en el universo de la novela, es un negocio regenteado por estafadores y locos13.

Decepcionado por las prácticas en la clínica, Minden se va hacia el interior del país a trabajar como médico. En adelante realizará una peregrinación por distintos pueblos de la provincia de Córdoba: Pajonales, Santa Lucía, Palomitas, La Lechuza Muerta y Cielo Azul. En los distintos lugares Minden encuentra que el afán de lucro no es una característica de Torselli sino de la mayoría de los médicos y los farmacéuticos. “Medicina (con mayúscula) no podrá hacerse. Pero a muchos colegas no les interesa eso. Quizá no harían ninguna medicina aunque pudieran ¡Lo que les duele es que no se hace plata!” –p. 75. Minden es un médico distinto: por un lado es honesto y en más de una ocasión trabaja gratis o solamente a cambio de comida que le traen los pacientes. Además es un médico moderno por dos razones que sus colegas generalmente no comprenden: practica una medicina social y sabe de psicología. En una clínica modelo que visita encuentra un “Credo del médico sociólogo”; entre otras cosas, este “credo” dice: “el estudio del comportamiento humano es tan necesario para el médico como el del bacilo tifoso para el bacteriólogo, (…) el servicio social, jamás constituye un gravamen, puesto que por el contrario la prevención de la pobreza y la ignorancia, proveedores del crimen y la enfermedad, cuesta menos que mantener prisiones y hospitales” –p. 134-. Al mismo tiempo, Minden atiende numerosísimos casos de personas que son sometidas a operaciones y medicadas sin que sus dolencias físicas disminuyan. La razón es que se trata de enfermedades psíquicas, de “sugestión”, de problemas nerviosos que producen síntomas físicos. En algunos episodios Minden parece un mago o un curandero, alguien que en pocos días –o con solamente una charla- cura enfermedades misteriosas de años. Sin embargo el doctor Huarespi entiende que la psicología es una moda pasajera: “Usted sabe que en cada época hay medicamentos y enfermedades que están de moda. Ahora tenemos (…) el subconsciente y la neurosis. Pero la historia sigue, y arrasa con todo”. Sin embargo, pese a las burlas de algunos colegas, Minden resuelve algunos casos sumamente serios, como el de Evangelina, una chica que fue operada varias veces y seguía enferma hasta que Minden descubrió la raíz psicológica de su debilidad. Es más, al final de la novela, la joven Evangelina reaparece transformada en una mujer nueva y vital gracias al tratamiento psicológico realizado por Minden.
           
En esta extensa novela de Mastrángelo –más de doscientas páginas en una letra de cuerpo 8- hay también lugar para la intriga y para una historia de amor. Hay una chica, Santina, que es vecina de Minden en su infancia y se mantiene junto a su madre con el paso del tiempo. En sus visitas periódicas a su madre –frecuentemente enferma- Minden se reencuentra con esta joven de la cual se va enamorando progresivamente. Con el correr del tiempo y con el cambio de locación de su consultorio, Minden espacia mucho las visitas a su madre. Ocupado siempre en la medicina pero también en tareas sociales como fundación de bibliotecas, Minden descuida a su familia. En una de sus visitas a su pueblo natal  ve marchar a un grupo de personas hacia un entierro y alguien le informa que la muerta es Santina. Varios años después, Minden recibe una carta de alguien que le comunica que su madre está enferma. La letra de la carta sin firma es de Santina. Es un pasaje de la novela bastante extenso donde el tono rigurosamente realista va dando lugar a un clima que se acerca a lo fantástico. Finalmente Minden descubre que la que había muerto era una parienta de Santina y a partir de ese momento la relación amorosa va tomando forma hasta desembocar en matrimonio.

Rosendo Gómez
           
En el séptimo capítulo de la segunda parte Minden atiende a un obrero que ha hecho carrera como sindicalista. Se trata de Rosendo Gómez, el protagonista de la otra historia intercalada en la de Minden. Rosendo procede de una familia de chacareros que pierde sus tierras y cae en desgracia. Los Gómez son una familia muy numerosa que es arrastrada por la pobreza hasta que sus miembros se separan. Un hijo muere, otros irán presos y Rosendo se transforma en un buscavidas que deambula durante varios capítulos por Buenos Aires. Los sucesivos trabajos que va haciendo Rosendo –lustrabotas, obrero- lo irán acercando a una serie de personajes que lo iniciarán en el mundo de la política. Al comienzo, Rosendo, de quince años, es el vivo retrato de Silvio Astier, un adolescente segregado por la sociedad. Incluso llega a compartir un cuchitril pringoso con Bonifacio, que es  el Dío Fetente de Rosendo. En esa época hay algunas menciones en los diarios al triunfo del frente popular en España y en Francia y también circulan los discursos encendidos de Lisandro de la Torre. Estas circunstancias, más el encuentro con algunos obreros sindicalistas inmigrantes, hace que Rosendo adquiera “conciencia obrera”. Lucio, un nuevo amigo de Gómez, lo instruye: “ser fascista es ser una rata”, le dice, y además: “Aprenderse de memoria los discursos de un hombre progresista –Lisandro de la Torre-, por famoso que fuese, significaba mucho y no significaba nada. ¿Estaba agremiado? ¿Trabajaba por su propia liberación y la libertad de la patria y su pueblo? (…) Enfervorizado, Lucio continuaba preguntando, recomendando, aclarando. El triunfo del Frente Popular en Francia y en España. Las extraordinarias huelgas recientes en el país, especialmente las de los obreros de la construcción. El grandioso primero de Mayo que acababa de celebrarse. Todo demostraba que se vivía en una época estupenda, condicionada por los trabajadores organizados” -p.63-. Dice María Sáenz Quesada acerca de la ideología del G.O.U a principios de la década del ´40: “se temía al comunismo, a la revolución social y a la confluencia de radicales, socialistas, demoprogresistas y comunistas en un Frente Popular, tal como había ocurrido en España en 1936. La celebración multitudinaria del 1º de mayo, con banderas rojas y puños en alto, pareció confirmar los peores pronósticos”14. Este es el contexto en el que Rosendo hace su aprendizaje político.

Otra característica de este momento histórico es la posición de Argentina en relación con la Segunda Guerra Mundial. Numerosas son las discusiones y acciones en las que tanto Minden como Rosendo se ven involucrados en relación con este hecho. Así por ejemplo, Minden forma parte de un grupo “antinazi”: “Ya somos un grupo grandecito (…) La gente es buena, comprensiva, pero hay que moverla un poco (…) ¿Sabe Doctor que la maestra de Cielo Azul también está con nosotros? Se habla de local, de comisión, de la formación de una biblioteca antinazi” –p. 80-. En las reuniones en las que participa Rosendo se habla tanto de la situación interna del país –manifestaciones de los obreros, represión policial- como de las novedades en materia de política internacional: “Bueno, compañeros, a lo expuesto magíficamente por el compañero secretario sobre el actual estado político argentino, agregaré un acontecimiento importante de estos tiempos: la formación del eje Berlín-Roma-Tokyo, que como la agresión fascista en España Republicana…” –p. 85. Por otra parte, la franja más conservadora de la sociedad mira con simpatía a los militares, se siente amenazada por el comunismo y tiene predilección por Hitler. Un farmacéutico le dice a Minden: “¡El ejército rojo es un mito y los alemanes lo va a aplastar como a las democracias! Porque el día que Hitler lo crea conveniente atacará también a Rusia (...) El farmacéutico hizo un chiste de los más grosero sobre los aliados y lo coronó con un fuerte ruido de su boca” –p. 76.

Minden y Rosendo se unen en la localidad de Cielo Azul, una ciudad cordobesa en la que hasta el momento la situación política no era tan delicada como en Buenos Aires. Allí Minden atiende a Rosendo, que en el año 1943 fue detenido varias veces por su participación en política. Las periódicas entradas de Rosendo a la cárcel le hicieron perder su salud, pero eso no es impedimento para que siga con sus actividades. Además, Rosendo ha logrado ubicar a algunos de sus hermanos, se instala con una hermana en una casa y tramita la liberación de dos hermanos más que están presos por delitos menores. Poco a poco las cosas mejoran para Rosendo Gómez. En cuanto a la situación política, el tiempo de la represión parece llegar a su fin; Perón está en franco ascenso y se llama a elecciones para febrero de 1946. Rosendo es candidato a diputado y viaja en tren haciendo campaña electoral, por su parte, Minden se muda a Palomitas donde es recibido como un héroe por su actividad como médico en ese lugar. La novela cierra con un “Epílogo popular”. En un salón preparado especialmente para la ocasión, el médico, acompañado de su flamante esposa y de su madre, se reúne con Rosendo. Toda la población los ovaciona; los espera, como dice Minden al final, un “luminoso porvenir”.
 

III. EL GUADAL CRUCIFICADO (AGUA AMARGA). -1967- INÉDITA

Esta novela es distinta a las dos anteriores. Por una parte tiene una estructura más compleja que las demás pero al mismo tiempo es mucho más limitada. No hay aquí grandes desplazamientos de los personajes -no tenemos viajes a Buenos Aires como en las otras dos- ni tampoco tenemos aprendizajes políticos como el de Rosendo Gómez o el de Leonardi. Hay dos viajantes que suben a un ómnibus en Río Cuarto y viajan al sur de la provincia por razones de trabajo, hay una larga conversación entre ambos, hay una historia de amor trágica entre una maestra y un farmacéutico narrada por uno de los viajantes. Esa es la línea argumental de la novela. Sin embargo, mientras se desenvuelve esa historia –la mitad contada en el camino de ida y la otra mitad contada varios días después cuando los viajantes se reencuentran en el mismo ómnibus- ingresan una serie de elementos relacionados con el contexto de este drama amoroso que tienen un alcance político.

La novela está encabeza por un epígrafe extraído de Una excursión a los indios ranqueles: “Qué triste y desconsolador es todo esto! Me parte el alma tener que decirlo. Pero para sacar de su ignorancia a nuestra orgullosa civilización, hay que obligarla a entablar comparaciones. Así se replegará cuando antes sobre sí misma, y comprenderá que la solución de los problemas sociales de esta tierra es apremiante”. Esta introducción orienta de un modo definitivo la lectura. La tierra a la que se refiere Mansilla es la misma en la que los viajantes abordan el colectivo y es la misma zona en la que transcurre el drama amoroso. De manera que además de esa historia, o tras de ella, tenemos que leer también el drama de los habitantes de una región.

Decíamos que la novela es estructuralmente más compleja que las demás porque hay alteraciones del orden cronológico de la historia. Se trata de un relato que apela al recurso denominado analepsis, el cual consiste en interrumpir el relato en un punto de la historia para contar acontecimientos anteriores en el tiempo. Puntualmente: el viajante Galenti le cuenta al joven Albertini –que debuta como viajante- una historia que le viene a la memoria después de ver descender a una joven maestra en un pequeño pueblo. Galenti menciona que estuvo por primera vez en Agua Amarga en 1922, a los once años, y por segunda vez en 1947, a la edad de treinta y seis años. Han pasado aproximadamente quince años de eso, por lo tanto cuando comienza el relato estamos en 1961 y Galenti es un cincuentón. La maestra que ve descender del ómnibus le recuerda a aquella otra que él conoció en Agua amarga en el ´47 y a partir de allí comienza a contar su historia.

Agua amarga es un pueblo pequeño al cual es casi imposible acceder por el pésimo estado del camino. Allí hay un solo hotel, el Italia, que pasa de manos de su dueño a las de El Turco. El hotel, como todos los edificios del pueblo, es miserable, ruinoso. Ya en este capítulo aparece la primera mención al peronismo: las consecuencias de la política nacional causan estragos en el interior del país. Galenti visita a un cerealero de apellido González, conversan: “…y Agua Amarga es un porquería. Esto ya no es ni un pueblo ni nada. Y por desgracia, con eso de la industrialización del país, todo el mundo se está yendo, y especialmente la juventud. El presidente dice que la grandeza y el porvenir de la república no está en el campo sino en las grandes ciudades” –p. 19-, dice González. A lo que contesta Galenti: “pienso que el país puede ser industrializado y hacérselo progresar sin abandonar ni descuidar el campo” –p. 19-. Se agrega que éste es un problema viejo, “agravado por Perón”. El campo se está despoblando y los pueblos pequeños –Italó, Buchardo, entre otros- se están transformando en pueblos fantasmas. Todo esto es lo que cuenta Galenti mientras prosigue el viaje junto a Albertini, han pasado quince años de aquel diálogo con González pero, a juzgar por los vidrios rotos del ómnibus y los caminos cenagosos,  las cosas no parecen haber cambiado mucho en esta región del sur de la provincia de Córdoba.

En el segundo capítulo un narrador en tercera persona nos cuenta que un año después de esa conversación entre Galenti y González llegó al pueblo una maestra. La chica es muy joven, se llama Ana, es desvalida y frágil, la apodan Pajarito. Desde este capítulo hasta el séptimo asistimos a la vida  cotidiana en Agua Amarga. Ana se aloja en el hotel Italia, el cual no ofrece ninguna comodidad. La escuela en la que deberá trabajar es un rancho similar a uno que vistió el médico Minden en Barro limpio15. La historia de la maestra es la historia de las privaciones que se viven en esos pueblos. Además de las penurias económicas observamos la corrupción moral: la gente está desocupada y entonces murmura, critica a los vecinos, se envicia, se envilece. Hay un personaje que es el emblema de esta corrupción moral: el rengo Peñaloza, un personaje que acecha a la maestra durante toda su estadía en el pueblo hasta que al final, junto con otros hombres acaudillados por él, la ataca en medio de la noche.

Los sucesos más importantes de la historia de la maestra tienen que ver con una relación amorosa que entabla con Rivera, un hombre que está enterrado es ese pueblo detenido en el tiempo. Rivera es un señor de casi cincuenta años -de profesión farmacéutico-, es conocido de González –aquel cerealero con el que Galenti conversa al en su primer viaje a Agua Amarga- y ambos ofrecen un diagnóstico lúcido de la situación de los pueblos del interior. Rivera y Ana se enamoran y son criticados por la gente del lugar, además son perseguidos por el rengo Peñaloza hasta la fatal noche en que los atacan en la plaza. Rivera es golpeado y la chica, después de ser violada, termina muerta a causa de una hemorragia. Antes de ese momento Rivera y Ana van a un baile. La pareja encuentra que todo allí es abyecto: se arman peleas, todos se emborrachan y “después de algunas horas de baile, vienen a completar fisiológicamente su esparcimiento espiritual en esta propia plaza”16. –p. 113- dice luego Rivera. Este hombre, acostumbrado al comportamiento de la gente del pueblo, cuestiona la dicotomía civilización-barbarie. Si por una lado es indiscutible que la conquista del desierto fue una “hazaña y la victoria sobre el indio o el salvaje fue un hecho incontrovertible” –p. 115-, por otra parte “la civilización (en nombre de la cual se había hecho todo eso) seguía siendo tan o más bárbara que la de los propios enemigos a quienes se exterminó” –p.115. Desde el punto de vista de Rivera, el triunfo definitivo de la “civilización” propiciado por los hombres del ´80 –Roca y compañía- ahora se está echando a perder, la gente del interior es la civilización degrada, la “barbarie”.

En el capítulo siete volvemos a encontrar a Galenti y Albertini en el ómnibus de regreso a Río Cuarto. Allí el joven viajante cuenta su primera experiencia laboral y Galenti retoma la narración de su historia que se detiene en el momento culminante: Rivera pasea con Ana después del baile, Peñaloza y su banda planean atacarlos, la pareja ingresa en una zona oscura de la plaza, los emboscan, pelean, todo es horror y confusión. Hábil narrador, Galenti no explica todas las consecuencias del ataque sufrido por Rivera y la maestra, antes cuenta algo que vio la última vez que viajó a Agua amarga, varios años después de que terminó la historia de Ana. El pueblo estaba más atrasado que en 1948, no se conseguían cigarrillos, las calles eran un surco de guadal, los perros famélicos deambulaban por el pueblo y en la plaza pastaban alegremente unos caballos. Frente a la iglesia Galenti y un amigo encuentran un cuerpo colgado de un árbol, ahorcado. Cuando se acercan a ver mejor descubren que se trata de un monigote con una leyenda escrita a sus pies: “este pudo ser el fin de uno que, inexplicablemente, logró sobrevivir a esta calamidad” –p.127-. Se trata de un muñeco vestido con las ropas de González, el  cerealero que en el comienzo de la novela dialoga con Galenti. No se explica quién hizo el muñeco pero entendemos que fue el propio González el que, antes de dejar Agua amarga e irse a vivir a Río Cuarto, quiso obsequiar un souvenir a la gente del pueblo. Ya en la terminal de Río Cuarto, Galenti narra los últimos hechos de su historia: Ana murió –víctima inocente del salvajismo, de la barbarie del interior- Rivera se fue a vivir a Río Cuarto con el peso de la muerte de Ana en su conciencia. El final es ambiguo. Albertini siente que la historia que contó Galenti es más que una anécdota, es por eso que se pregunta: “¿tendría Galenti una hija jovencita y sería maestra?” -p. 129-. El interrogante sugiere que, o bien Galenti contó el crimen de su propia hija, o bien contó la historia de alguien que pasó por una situación similar a la que vive o está por vivir su hija, con lo cual la historia perdería dramatismo, sería más la expresión de la preocupación de un padre que una tragedia. Entendemos que se trata de la segunda de las dos opciones.

A MODO DE CONCLUSIÓN

Mastrángelo es un hombre del “interior”. En las tres novelas aparece una tensión interior-Buenos Aires. En principio los pueblos de provincia se presentan como el lugar del atraso y de la falta de oportunidades. La Capital, en cambio, es el sitio anhelado por los personajes, el espacio en el que las potencialidades de cada uno pueden desarrollarse. Leonardi opera su pierna en Buenos Aires y define su posición ideológica y su camino como escritor. También Rosendo Gómez y Minden van a Buenos Aires. El primero a probar suerte y a hacer su aprendizaje político, el segundo a graduarse como médico. Sin embargo, la gran urbe también es el lugar en el que lo negativo se potencia: es más difícil sobrevivir en Buenos Aires que en el interior y el materialismo y el ansia de dinero también se potencian. La gran ciudad es, entonces, como en la novela de Juan José Hernández, “la ciudad de los sueños” pero también la de las pesadillas. Los personajes de Mastrángelo crecen en ella pero después vuelven al interior, a los pueblos de provincia, no ya para dejarse vencer por la chatura y la desidia sino para emprender transformaciones: fundar bibliotecas, curar enfermos, formar sindicatos. En la tercera novela que vimos no tenemos un viaje a la Capital pero de todos modos la tensión interior-Buenos Aires está presente. La tragedia de la maestra, las penurias del farmacéutico y los comerciantes como así también las peripecias de los viajantes son la contracara de la gran ciudad. El interior es el atraso, las calles de tierra, las escuelas en ruinas, la pasividad de sus habitantes; Buenos Aires es el sitio en ebullición que acoge –pero también hacina y degrada- a los provincianos que dejan el campo para trabajar en las fábricas.

En relación con lo anterior debemos remarcar el matiz de denuncia que está implicado en las novelas. Ya vimos que para el joven escritor Leonardi la literatura es relevante en la medida en que trascienda los problemas del individuo, ser escritor es observar las particularidades de la sociedad y luchar, desde la literatura, en contra de las injusticias. En Mastrángelo tenemos crítica a las formas en que se maneja la medicina privada, crítica a la política estatal peronista de desprotección del interior, crítica a la mentalidad burguesa y al egoísmo de la clase media argentina. Todo ello enmarcado en las formas de un realismo que, contrariamente a lo que ocurre en su tarea como cuentista, no muestra casi evolución. Si El hombre desconocido está a tono con la poética boedista, su tercera novela resulta hoy extraña en el paisaje de la novelística argentina de los sesenta en el que aparecieron textos como Rayuela -1963- o La traición de Rita Hayworth -1968- y Cicatrices -1969-.

 

BIBLIOGRAFÍA

Textos de Carlos Mastrángelo

El hombre desconocido, Claridad, Buenos Aires, 1949
Barro limpio, Stilcograf, Buenos Aires, 1948
Agua amarga (El guadal crucificado), 1967 [Inédita]

Otra

Aira, César: Diccionario de autores latinoamericanos, Emecé, Buenos Aires, 2001
Sáenz Quesada, María: La Argentina, historia del país y de su gente, Sudamericana, Buenos Aires, 2001


Notas

1 Ver Pablo Dema: “Aproximaciones a la cuentística de Juan Floriani” y José Di Marco: “Las formas del realismo”, en Cartografías 1. Mapas de un territorio imaginario, Dpto. Imprenta y Publicaciones de la UNRC, Río Cuarto, 2004, pp. 11 – 19 y 21 – 35, respectivamente.

2 Realizamos estas comparaciones para remitir al lector a autores cuyas obras son muy conocidas, de este modo no pretendemos más que encontrar algún punto de partida para delinear las características más salientes de la novelística de Mastrángelo. En estos casos, cuando hay que partir de cero y se trata de textos no reeditados y desconocidos para el lector, la remisión a autores muy leídos se nos presenta como una manera cómoda para orientarnos.
Otra aclaración: tanto en Saer como en Tizón tenemos novelas situadas fuera de Argentina - Francia y otros países de Europa en el primer caso, España en el segundo- pero igualmente queremos señalar que estos autores se presentan como dos casos típicos de escritores cuya obra está íntimamente ligada a un espacio geográfico.

3 Ver “Mastrángelo: teoría y práctica del cuento”.

4 Dice Leo: "¿Deberé narrar las preocupaciones sórdidas de mis hermanos, que hacen una tragedia cuando tienen que elegir un género para un traje?" –p. 65-

5 Un amigo de la Familia de Leo, en medio de una discusión sobre los desocupados, dice: ¡A mí no me vengan con cuentos! ¡Son todos unos vagos! ¡Siempre hay trabajo para el que quiere trabajar!" –p.10-

6 Leonardi tuvo un accidente que lo mantuvo tres meses postrado y que lo dejó con un problema en una pierna. El hecho de tener que usar bastón hizo de Leo el blanco de las burlas de la gente del pueblo.

7 Castelnuovo tiene dos libros escritos al regreso de ese viaje al que alude Mariverné, ambos de 1932: Lo que yo vi en Rusia y Unión Soviética. También tiene numerosos textos ensayísticos sobre la literatura por él denominada "proletaria, de masas o revolucionaria".

8 "¿Usted cree, compañero, que todos esos escribas izquierdistas pequeño-burgueses son revolucionarios? (...) La novela de Arlt no la terminé de leer; es demasiado oscura y rara; pero me la han contado de cabo a rabo. Los siete locos son una gran cosa... para morirse de risa. Entre ellos hay un castrado, ¿no es así? Después, un macrof, un macrof que le da plata a un tipo que se casa y se acuesta con los pantalones y todo al lado de su mujer. Después, una prostituta; y al final todos se juntan, o quieren juntarse para hacer una revolución (...) ¡Qué profundo, camarada! ¡Qué visión objetiva y dialéctica de nuestra realidad social!"-p. 67-.

9 Leo se la pasa diciendo que está cada vez más débil, incluso llega a abandonar toda actividad intelectual alegando que está al borde de un surmenaje. Mal alimentado y con trastornos de sueño, la condición de Leonardi -que en más de una ocasión parece decidido a suicidarse- es lamentable.

10 Este personaje descalifica a las obras del grupo de Boedo porque no son "verdaderamente proletarias". Hay que decir que Yunque, Barletta, Mariani y Castelnuovo, entre otros, nucleados en torno a la revista Claridad, escribieron textos de clara filiación marxista. Barletta, por ejemplo, "fue uno de los más decididos propagandistas y practicantes de la literatura social y proletaria en los años veinte" (César Aira: Diccionario de autores latinoamericanos, 2001); comentarios similares se podrían hacer sobre los demás escritores del grupo. Es decir que por más que Leo dejara de escribir sobre sí mismo para escribir sobre la realidad no estaría produciendo, desde la radicalizada postura de los anarquistas, verdadera literatura proletaria.

11 Con respecto al tema de la cojera de Leo y la aparición de algunos médicos hay que decir que aquí se esboza uno de los grandes temas que figuran en Barrio limpio, sobre todo el modo en que la sugestión influye en el cuerpo. En este caso, de manera opuesta, los médicos afirman que un problema físico puede producir una debilidad psíquica.

12 Es evidente que el nombre del médico evoca su degradación ética. Torselli es un hombre que torció su recto camino, que pasó de ser ejemplo de abnegación, trabajo y sacrificio a un ser inescrupuloso que mantiene en la clínica a personas sanas con el único interés de obtener dinero.

13 Hay un episodio de la novela que no es tan importante desde el punto de vista de la evolución de la historia pero que revela dos cosas: la personalidad enferma del Dr. Torselli -su absoluta falta de ética- y las dotes de cuentista de Mastrángelo. Torselli tiene una "habitación misteriosa" vedada a todo el personal de la clínica. A esa habitación entre un día con Minden y le enseña un ataúd de cristal en el que tiene a una joven embalsamada. Torselli narra la historia de esa chica: se trata de una antigua ayudante muerta tiempo atrás, después de su fallecimiento, en un arranque de locura, el médico fue al cementerio, exhumó el cadáver y lo llevó clandestinamente a su clínica. El relato es estremecedor y no se condice con el tomo general de la novela, plagado de situaciones corrientes y de un realismo clásico. Este "cuento" insertado en la novela, en cambio, narrado por un sujeto desequilibrado, tiene elementos del relato de terror al estilo de Poe: un hombre desquiciado, la devoción por el cadáver de una virgen, la exhumación del cuerpo en medio de la noche, la sala secreta con el ataúd transparente.

14 Sáenz Quesada, María: La argentina, historia del país y de su gente, 2001.

15 El título de la segunda novela evoca el de la tercera. Barro limpio es un oxímoron, en esa novela el barro es el interior, los pueblos olvidados de la provincia de Córdoba. El concepto de limpieza supone la posibilidad de vivir con honestidad aun en las peores condiciones. En Barro limpio, el doctor Torselli está hundido en un “charco cenagoso”, está envilecido; Minden y Rosendo Gómez, viven en el interior, en el barro, pero están limpios, tienen ideales, luchan por ellos. Ahora estamos en el “guadal crucificado”, de nuevo la tierra, el interior, martirizado –“crucificado”- por la política estatal que, en pos de la industrialización, olvida a las pequeñas comunidades que viven del campo.

16 En los cuentos de Mastrángelo reaparecerá el tema del sexo y se expondrá de modo directo algo que está insinuado en casi toda la obra. Las relaciones sexuales son aceptadas por el narrador y los personajes valorados positivamente en la novela solamente cuando están acompañadas de un sentimiento amoroso genuino; si no es practicado de esta forma las relaciones sexuales son entendidas como meros raptos de concupiscencia. Tenemos varias escenas en las que se suspenden los juicios de este tipo y se nos narran desde la perspectiva de un hombre los impulsos que despiertan las mujeres. Hay verdadero erotismo en esos pasajes. En El hombre desconocido Leo mira a su prima Marinda mientras ella se baña, es la primera vez que el adolescente ve una mujer desnuda –que además de exuberante es mayor-. La escena es de una intensidad tal que en un momento el corazón de Leo parece a punto de estallar. Pero Leo se resiste, gana la partida, no se degrada moralmente. En Barro limpio tenemos a la hermana de Rosendo Gómez, a ella la vemos transformarse en mujer, vemos como la ropa de niña comienza a quedarle estrecha, cómo sus formas desbordan las remeritas miserables y observamos las reacciones de todos los hombres que la conocen. Ni el propio padre de la chica logra resistirse y una noche, borracho, la viola. El padre de Rosendo Gómez es el personaje que alcanza la más absoluta degradación moral de todos los hombres que se dejan vencer por el deseo. Se trata de un deseo que coloca al hombre en la misma categoría que los animales, esa práctica del sexo es “criminal”. También en El guadal crucificado hay momentos que parecen calcados del anterior. La hija de El Turco, el dueño del hotel, ha dejado de ser una niña y el rengo Peñaloza la acecha: “Le gustaban los ojos grandes y profundos de Nayi, su tez pálida, cual durazno no muy maduro todavía. Y, cuando ya mayorcita –apetitosa fruta pintona-, lo que más le atraía era su andar algo desganado y sensual, y sus pechos poderosos y punto menos que insolentes para la humildad de la sucia y corcusida vestidura que la aprisionaba” –p.25-. Otra vez la niña que se hace mujer, la naturaleza pujante, la hembra que desborda la ropa. Y Peñaloza “abusando de la confianza que se le dispensaba, no desperdiciaba oportunidad de largarle algún chiste picante, de espiarla cuando se bañaba o cambiaba de ropa, de pedirle que le enseñara las piernas para ver si eran mejores que las de la Dora o de alguna otra amiga y, sobre todo, de rozarla, tocarla, pellizcarla…” –p.52-. El rengo no puede sujetar su deseo, pretende el sexo sin la “posesión espiritual”. Finalmente terminará, como el padre de Rosendo Gómez, violando a una mujer, en este caso a Ana.