Presentación de Pablo Ramos


Por Pablo Dema

Una breve escena de un libro de Pablo Ramos: dos personajes discuten, él es un escritor que ha dejado de beber y que intenta trabajar, ella es la esposa y anda distraídamente por la casa sin saber que es una molestia. La discusión sube de tono hasta que el hombre amenaza a la mujer con un cuchillo:

Me voy –dice ella-, calmate que me voy.
            Él cree que no debe dejar que se escape así porque sí, que llegó el momento de hacerse cargo, y entonces le cierra el paso y ella, aunque es más alta que él, rebota contra su cuerpo. Enseguida nota la ventaja que existe entre ser hombre y ser mujer, al menos en estos casos. Ella depende de lo que él decida hacer y él ha decidido algo ahora mismo. Extiende su mano izquierda junto a la cara de ella, se la muestra y se apoya la hoja (del cuchillo) contra la palma. Mirándola fijo a los ojos comienza a cerrar el puño, lo aprieta más y más, hasta que siente el ardor, y la sangre le inunda el interior de la mano cerrada. Entonces, con el puño desbordado de sangre, le empuja la cara suavemente.
            La sangre está en el piso y está en la cara de ella que empieza a llorar.
            Hernán, Hernán, ¿qué hiciste? –suplica ella cubriéndose la cara con las manos- Hernán, Hernán, mi amor.

El anterior es un fragmento de “El origen de la tristeza”, cuento que le da título al segundo libro de Pablo. Quise leerlo porque me parece que es una buena manera de tomar contacto con la escritura y el tipo de historias que a este escritor le interesan. Los personajes de Pablo se hallan en estados críticos, quebrados emocionalmente, en matrimonios que se despedazan o ya directamente abandonados a su suerte, viven escenas de una intensidad y de un dramatismo como la que acabamos de leer. Estos cuentos están situados en el presente, en espacios domésticos y urbanos de la ciudad de Buenos Aires. La cita de Cheever que antecede el libro es una certera advertencia de lo que vendrá: hombres “solitarios, tristes y mal casados” son los protagonistas de situaciones en las que la desesperación acerca a los personajes al ridículo y también, a veces, a la ternura y la comicidad como únicas salidas ante el dolor. Así por ejemplo, el personaje del cuento titulado “En un cuaderno de hojas lisas” vive una situación desesperante que no está exenta de comicidad y ridículo. Abandonado por su esposa y sin poder ver a su hijo, el hombre trata de sofocar la tristeza arrojando cada noche una docena de huevos por el balcón. Este tipo de episodios que ponen escena a un hombre solo en una situación ridícula, tienen, sin embargo, una tremenda verosimilitud. Lejos de crear en el lector la sensación de que el personaje es un anormal, deja al descubierto la fragilidad de las personas y lo fácil que es desesperar ante el dolor. Cuando nos creemos libres de la mirada de los otros, en la intimidad, deponemos la máscara de la cordura y la estabilidad para enfrentar del mejor modo posible las crisis. El personaje del cuento de Pablo primero tira huevos, después (al ser descubierto por una vecina que lo espía), se enrolla en la alfombra como un niño envuelto, por último escribe en un cuaderno de hojas lisas, tres maneras distintas de enfrentarse a su soledad y a su dolor. Cuando lo peor haya pasado, el título del libro, indica una circunstancia temporal, un momento de crisis, de descentramiento, pero también anuncia uno próximo mejor al presente. Excepto en el caso del cuento en el que un personaje se suicida todos las demás pueden ser pensadas como situaciones transitorias que pueden mejorar. La del hombre solitario que persigue a una desconocida, la de aquel otro que intenta devolver un zapato que encontró tirado en la calle, la de los niños de la calle, la del hombre que viaja al sur a buscar otro trabajo. Son todos momentos difíciles con un fondo común de derrota, de desamparo, de dramatismo y en algunos casi de apacible melancolía. Como la escena en la que un hombre separado de su esposa visita a una prostituta que conoció hace años y juntos recuerdan una canción vieja, esa canción habla de un hombre que decía “porque el cielo es azul me hace llorar”; es una tontería, se dicen los personajes que descubren que el tiempo no ha pasado en vano para ninguno de los dos, “que tontería más grande”, dicen, y se emocionan.
Este libro, de 2003, fue premiado por el Fondo Nacional de las Artes y por la Casa de las Américas.
El siguiente libro es de 2004 y se llama El origen de la tristeza. Se trata de una novela compuesta de tres partes bien diferencias, partes que tienen una gran autonomía y se dejan leer perfectamente por separado como tres episodios en la vida de Gabriel, un chico que vive en el Barrio del Viaducto, en la provincia de Buenos Aires.
Lo que cuenta El origen de la tristeza, tal como se lo preanuncia mediante la cita de Arlt que Pablo utiliza como pórtico del libro, es el final de la infancia: “¿Cómo describir mi llanto, mi odio, la desesperación de haber perdido el paraíso?”. El paraíso es, por supuesto, la infancia. Pero lejos de perderse definitivamente, la infancia de este personaje queda atrapada en una escritura que incorpora las imágenes de un barrio y las inflexiones del habla de un grupo de chicos. Las malas palabras, los dichos, los apodos, el registro de todos los deseos y temores, de toda la ingenuidad y de los súbitos aprendizajes se despliegan en esta novela.
La primera de las tres partes se denomina “El regalo”, en ella el protagonista se plantea como objetivo conseguir dinero para hacer un obsequio del día de la madre. Para eso se pone a las órdenes de su amigo Rolando, un tipo excéntrico y solitario que se dedica a cuidar panteones en el cementerio a cambio de dinero. Prima aquí el humor y también una mirada piadosa sobre Rolando, el guía de Gabriel.
En “El incendio del arrollo”, adquiere centralidad el tema de la barra de amigos en los barrios, el cual trae aparejados los temas de la solidaridad, el compañerismo, el espíritu de grupo y el liderazgo. En medio de una expedición para robar unas damajuanas de vino, la barra dirigida por Gabriel conocerá el verdadero peligro pero también, entre los destellos de calor atorgados por las primeras borracheras, la sensación del primer enamoramiento.
En la última parte, “El estaño de los peces”, el ciclo de la infancia se cierra y el personaje entra definitivamente en el mundo de la adolescencia. Conflictos familiares, enfermedades y penurias económicas, afectan a Gabriel, quien ya no frecuenta tanto a los chicos de la barra porque cada uno va tomando caminos diferentes. A raíz de algunas dificultades en la escuela, Gabriel se cruzará fugazmente con un personaje que dejará en él una marca imborrable: se trata de un vecino mayor que él que ha estado viviendo en Europa, estudiando música, y que regresa temporalmente al barrio. Este personaje que se vincula con Gabriel le abrirá la puerta de su mundo y él aprenderá que el vecino, no sólo que no es un monstruo por ser homosexual (como se decía) sino que es una persona muy sensible y generosa. Este vecino le dará a Gabriel un libro, el cual queda como registro de un primer encuentro con el que, suponemos, será la pasión del personaje en su adultez.
En la frase anterior hay una trampa porque en ningún momento de la novela se nos dice que el personaje será un escritor, pero nos animamos a sugerir un paralelismo entre la vida de Gabriel y la del autor ya que la historia de Pablo parece asentarse sobre un fondo de experiencias y vivencias propias. Da la impresión de que la intensidad y la verosimilitud en los distintos pasajes de la novela no podrían alcanzarse sólo mediante la pura invención. Más bien, parece que la escritura viene a ser un instrumento de exploración, de asimilación y reflexión sobre las propias vivencias. No alcanza con haber vivido para ser un artista, pero muchos artistas deciden trabajar en torno a su propia vida. Esto no significa que les falte creatividad sino más bien que ésta se pone al servicio de las experiencias. Y allí donde lo singular, lo personal, logra interesar a los demás se hace evidente el arte del escritor. La propia experiencia se plasma de una manera tal que se universaliza; sin usar estereotipos, mediante caracteres particulares, el poeta, como dice Aristóteles, habla de todos los hombres. Y es allí donde la escritura de Pablo se inscribe y desde allí es que ha adquirido ya un merecido reconocimiento.