La mujer en cuestión

de Maria Teresa Andruetto
Novela
Alción Editora.2003
120 páginas
Por Pablo Dema

Literatura, represión y sociedad

La cuestión de la responsabilidad civil de la sociedad argentina durante la última dictadura militar es un tema que, lejos de estar clausurado, recién está manifestándose en toda su magnitud y complejidad.
Indagar sobre la relación entre política represiva y sociedad durante el período 1976 y 1983 quizá requiera además una reflexión sobre las actuales actitudes de la sociedad civil con respecto a los acontecimientos acaecidos durante la última dictadura. Cabría preguntarse entonces si las ideas y creencias alojadas en el cuerpo social que aceptaron, y quizás alentaron, el terrorismo de estado en el último gobierno militar han desaparecido del imaginario social y también si el futuro se asienta sobre la base de un acuerdo democrático entre los diversos sectores de la sociedad.
Esa trama de interrogantes entre la relación entre sociedad y política implica, como se ve, los múltiples procesos de construcción de memoria, el examen del presente y de las posibilidades futuras. Con respecto a estos temas la ficción literaria se presenta como un espacio más que propicio para contribuir a la reflexión. La mujer en cuestión aporta numerosos elementos para intentar dar respuesta a algunos de los interrogantes planteados.
Miguel Dalmaroni1, a propósito de dos noveles escritas en 2002 y que trabajan con el mismo tema que La mujer en cuestión, se refiere a la neutralidad de la prosa de dichas novelas y a la ausencia de evaluaciones por parte de los narradores. Dalmaroni dice que esa escritura sin estilo, descarnada, directa, parece responder a una necesidad impuesta por la temática; embellecer la narración de ciertos hechos –los asesinatos, las torturas y las posteriores consecuencias- parece ser para los autores algo “inmoral”. La estrategia narrativa utilizada por Andruetto extrema esa actitud ya que su relato se presenta como un informe. El narrador del texto –“el informante”-, que desconoce la identidad y las intenciones del mandante, no se apartará en ningún momento de ese registro que intenta ser lo más objetivo posible.
La mujer en cuestión se llama Eva Mondino Freiberg. En el momento en que el informante se entrevista con ella y su entorno Eva tiene más de cincuenta años. Algunos datos claros que pudo establecer el autor del texto son: Eva estudió en la Escuela de Trabajo Social y luego se cambió a la carrera de Psicopedagogía para obtener su título en julio de 1976. En ese mismo año daba clases ad honorem en una cooperativa de enseñanza, militaba en el centro de estudiantes de tendencia izquierdista –“esa manga de comunistas ateos”, según una ex amiga de Eva- y comenzó a trabajar en un diario. También en el ´76 la pareja de Eva – Aldo Benegas- ingresó como conscripto en la Marina y a ella la echaron del diario. Según un primo de la mujer en cuestión, ella se “hacía la que pensaba distinto” y eso le costó su puesto.
Los datos precisos terminan allí, luego de que Eva quedó sin trabajo ocurrió la desaparición de Benegas al tiempo que trasciende que la mujer de la cual se ocupa el informe está embarazada. Poco después Eva es secuestrada y detenida en el Campo de la Rivera. Pero no se sabe con exactitud cuándo quedó embarazada ni quién es el padre de la criatura; tampoco se puede asegurar si ese niño murió pocos instantes después de haber nacido –como afirma un representante del ejército- o si fue apropiado ilegalmente por un alto funcionario de las Fuerzas Armadas y ahora vive en Europa –según una hipótesis de Abuelas de Plaza de Mayo que el informante menciona y que Eva desconoce-. 
El informante opera con la pulcritud de un fiscal judicial: reúne datos, cruza testimonios y luego extrae la versión de los hechos que le parece más ajustada a la realidad. De todas maneras, como él mismo declara, no se puede llegar a establecer con exactitud qué fue lo que pasó debido a las distintas versiones de los hechos. De este modo queda de manifiesto que no hay un pasado único fijado en la memoria de todos, sino que la memoria es un proceso de construcción  colectivo.

La sociedad civil en el contexto de la dictadura.

Ya se mencionaron algunas de las reacciones comunes de los vecinos, conocidos y hasta familiares de las personas con una ideología política en disonancia con la del gobierno de turno. Intentado establecer los motivos por los cuales los allegados de Eva la acusaban públicamente (la llamaban trosca, zurda, loca) y llegaron a denunciarla, el informante dice que, según testigos, “quines proferían aquellas ofensas buscaban de ese modo exorcizarse, entendiendo que al decirle a una persona cosas así u otras de significado equivalente, se libraban de algún modo de ser considerados tales por los otros”... “se operaba en cadena acusando A a B, B a C, C a D, y así”. Esa parece ser una de las causas, se acusa porque se teme a ser acusado.
Según Lila Torres, amiga de Eva, en ciertas épocas “tal vez para congraciarse con las autoridades, hubo quienes hicieron todo para que ella –Eva- perdiera su trabajo, su marido, o su hijo”. Aquí aparece otra actitud, no es simplemente miedo, sino deseo de “congraciarse con las autoridades”2.
            Hugo Vezetti toma de Karl Jaspers una distinción de los distintos grados de responsabilidad que le caben a los miembros de una sociedad gobernada por un régimen totalitario. Hay que recordar que no se trata del gobierno de una fuerza militar extranjera que tiraniza a un pueblo sino de un gobierno cívico militar nacido en el seno de la propia sociedad argentina. Si los altos jefes militares tuvieron una responsabilidad criminal y los políticos y sindicalistas que ocuparon cargos burocráticos durante el gobierno una responsabilidad política, al resto de la “gente común y corriente” se le puede adjudicar una responsabilidad moral. Esta última sería la categoría en la que entran los familiares y conocidos de Eva según sus actitudes. En general no aparecen personajes que ignoraban lo que estaba sucediendo, la mayoría estaba al tanto y, por temor a ser detenidos o por afinidad ideológica con el gobierno, ofreció algún tipo de colaboración al aparato represor estatal.

La sociedad en la actualidad

            En La mujer en cuestión no aparece casi ningún testimonio que incluya una autocrítica sobre las actitudes con respecto al período del que nos ocupamos. Nadie que haya denunciado o insultado en la calle a Eva o alguna de sus amigas menciona un cambio de parecer ni arrepentimiento alguno. “Aun en la actualidad, Eva tiene que oír comentarios, como hace años oyó insultos”, dice el informante.
            La única persona que tiene un cambio de actitud con respecto a Eva es Petrona, una vieja empleada doméstica de la familia. En la actualidad han mejorado las relaciones entre las mujeres y Petrona “quiere cuidarla del frío y del hambre, como no la cuidó en aquellos años, reparando tal vez la falta cometida cuando Eva le pidió que la dejara esconderse en la casa y ella le dijo que no era posible”. Fuera de este caso particular, los demás personajes parecen mantenerse firmes en sus convicciones.
            Por otro lado estaría la actitud de Eva y las demás compañeras. Después de divorciarse de su segundo marido ella perdió todo interés en la política y se sumió en un doloroso silencio. Sin embargo, la aparición del informante y sobre todo la apertura de la posibilidad de recuperar a su hijo, producen un cambio en las perspectivas de vida de la protagonista. Por más doloroso que sea para Eva rememorar los acontecimientos del pasado, lo hace “para que se conozca la verdad”. Lo que le ocurre a la protagonista concuerda con lo que señala Paul Ricoeur en La lectura del tiempo pasado: la memoria no opera por acumulación de recuerdos estáticos sino que continuamente reacomoda y recrea al pasado gracias a la interacción con los demás. Esos cambios de perspectiva sobre el pasado influyen en el presente y reorientan el camino hacia el futuro.
            Más allá de que persistan en la sociedad -sobre todo en personas mayores-  restos del discurso represivo del gobierno dictatorial3 se puede advertir el afianzamiento de una nueva militancia, esta vez por la verdad y la justicia. Abuelas y Madres de plaza de mayo, sumadas a la aparición de HIJOS en la escena política a mediados de los ´90, son la cara visible de esta búsqueda. Si Eva estaba entregada a su dolor y a su silencio, en gran medida esto se debía a que –como ella misma dice- no sabía qué hacer ni dónde buscar a su hijo y los restos de su primer marido. La organizaciones de derechos humanos aparecen como un medio sumamente eficaz para direccionar la incertidumbre y el deseo de conocer la verdad de todos los que esperan reconstruir su identidad, recuperar a sus familiares, enterrar a sus muertos.

 


 Notas

1 DALMARONI, Miguel: La ficción controlada. Novelas argentinas y memorias del terrorismo de Estado, 1995-2002; en I Foro de investigadores en literatura y cultura argentina. Córdoba; 8-10 de mayo de 2003.

2 Una de las conclusiones a las que llega Hugo Vezzetti en su trabajo sobre la relación entre memoria social y pasado es que la imposición del régimen dictatorial activó una serie de “microdespotismos” (en escuelas, fábricas, e incluso en las familias) que emulaban las conductas represivas del gobierno. Según el autor –que se basa en datos tomados de una investigación de Guillermo O`Donell- la sociedad recibió con agrado la llegada del gobierno militar. Esto se debió, entre otras cosas, a que el discurso militar prometía acabar con la escalada de violencia que se vivía en el período inmediatamente previo a marzo de 1976. El gobierno militar “allí donde encarnaba un principio de orden frente al caos social y político (más allá de que terminó instaurando un régimen que terminó arrastrando a formas mucho peores de desorden)  no dejaba de recibir apoyo explícito y una conformidad bastante extendida” (pág. 39). Para echar por tierra la idea de una sociedad civil víctima de un poder despótico, Vezzetti insiste: “Hay que recordar que el régimen, en verdad fue cívico-militar, que incorporó extensamente cuadros políticos provenientes de los partidos principales y que no le faltaron amplios apoyos eclesiásticos, empresariales, periodísticos y sindicales” (pág. 39). HUGO VEZZETTI; Pasado y presente. Guerra, dictadura y sociedad en la Argentina; siglo veintiuno, Buenos Aires, 2002.

3 Persiste la idea de que si la gente desaparecía era porque “algo habrá hecho”, se sigue mencionando que la “gente decente” no se metía en política -como si fuera indecente tener una ideología distinta a la del gobierno de turno-, perduran también representaciones del ejército como garante del orden y la  disciplina.