De: CONJETURAS SOBRE EL TIEMPO, EL AMOR Y OTRAS APARIENCIAS
Por Antonio Tello
Signo
Yo soy ese extranjero que mañana regresará
a la patria, al cabo extraña, a cavar
la colina en busca del poema que su memoria
sepultó en una lata de galletas.
Yo soy ese poeta que hundió en la tierra
la palabra y ha olvidado
el lugar
el índice
la página
la montaña
el poema.
Yo soy ese náufrago sin mares que terminará
sus días contando historias, urdiendo leyendas,
pagado por la caridad de los curiosos,
cuando la fatiga le anude los músculos.
Hiato
Amanece:
El desierto y el día son de arena.
El mar y el día son de agua.
El día, el mar y el desierto son de luz.
En ellos las huellas son invisibles,
efímeros los pasos.
Las caravanas, los barcos y la patria extrañada
son espejismos de polvo y espuma.
El día, el mar y el desierto son
el territorio donde moran los exilios.
Metonimia
La veo acercarse
y la luz de la tarde
inflama la silueta de arena bajo las dunas;
el movimiento del tiempo bajo el vestido.
La nombro
y la visión del nombre
enfebrece las estrías del aire;
atrae mis labios y ellos,
los labios,
con un temblor de mariposa,
se posan sobre los humedales
que especula el deseo.
Pero, yo sigo aquí,
convertido en mirada viéndola venir:
sin ojos, sin boca, sin cuerpo:
un instante que mira.
Diacronía
Insisto. Toco la piedra. Sigo.
Regreso. Orillo la piedra.
Visito el mar. Lluevo.
Lamo la piedra.
Lamo la piedra inmóvil.
La inmovilidad de la piedra me duele.
Insisto. Acaricio. Lavo.
Día tras día, insisto. La abrazo.
Ella resiste en su inmovilidad.
En su dureza. Le hablo del viento
y como el viento pasa la voz.
No hay dolor ni movimiento en la piedra.
Insisto. Corro. Me alejo y retorno.
Y la encuentro. Ella sigue allí.
Sin esperar nada de mí.
Sin esperarme.
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