De: Lecciones de tiempo


Por Antonio Tello



consumada la expulsión
el instante fue

el tiempo es siempre extranjero
excrescencia  de la eternidad

en el mundo    no somos el río
que fluye  sino la hoja que éste lleva

ella no recuerda el árbol del que
ha caído    mas intuye su existencia

el sonido del agua     el rumor
del viento entre las ramas     ese

acezar del silencio en la memoria


 

 

y atrás     mucho más atrás   el que desterró
a los habitantes del paraíso    está solo    

apagadas sus flamas    la espada  
cuelga    inútil      del  tahalí de plumas

secos ya los cuatro ríos del Edén      
se asoma el ángel al brocal de la nada
a la soledad sin voz del abismo

sin horizontes no hay esperanza
sólo caída    y   él    ya  sin atributos   
se precipita por el pozo de los siervos


 

de la pasada tempestad aún quedan
jirones de tormenta sujetos
a la  osamenta de las estaciones


 

deletreándose entre los senos de la primavera
el mono descubre que su vida pende del sexo de una vocal

            aúlla  llora  gime  ríe    

las vocales   llenan de gozo el mundo y el cuerpo de sentidos
                            que rompen el silencio

sobre la oscuridad el homo vocalicus se yergue
y avizora el mundo   horizonte en fuga que lo excita

                                                lo sigue excitando


 

ilusión que turba las sombras

ese gusano con ínfulas de mariposa
necesita de tus labios para ser
el efímero aleteo que concilia el sueño      

fantasía que larva la noche
 


 

       al alba        
la oruga  agoniza
    bajo el peso de los sueños

atrapada en una ciénaga de ojos
es inútil su aleteo    
                      el día la atraviesa

y con miles de agujas
el cazador clava los párpados
               en la pared del hemisferio

            a la luz del día
nada altera el orden de las horas


 

 

porque el tiempo pasa
antes de que la luz nos hiera
es que nacemos en primavera
con la edad del otoño


 

 

el silencio es tiempo sin nombre
esencia del abismo que atrae
y connota los sonidos del mundo

 

 

 


 

ni señal ni camino

el rostro que ves de este lado del espejo
       es luz                 

 

 destello de oscuridad que se niega

   tiempo náufrago a la deriva


 

 

               y  ahora que ya no eres inocente
vacía mis ojos
                        atraviesa esta ilusión de carne
y hazme sentir
la geometría sin formas del universo
la nota donde nace esta voz
           
                  ahora que tus alas arden en la caída
y tu cuerpo carece de sombra

sálvame del horror de esa mirada